EL VIENTO ES UNA CRIATURA ALADA
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Por Leopoldo de Quevedo y Monroy
Colombiano
El Viento es un fenómeno de la naturaleza sabia. Nace del calor y el frío cuando se mueve la barriga de los montes y corren plácidas las aguas de los ríos y las ondas de los mares. Tiene su cuna tendida en las cuerdas de las nubes y a su vaivén mece los árboles con su cabellera de hojas.
Me di cuenta que el pasado 15 de junio se celebró en el mundo el día de su existencia. ¿Qué de poetas fue esta idea de que el ser que tiene por causa unas masas monstruosas y tiene unos efectos impredecibles, tuviera un día para que los humanos le abriéramos la puerta y sintiéramos en el rostro el pomo de su mano?
Eolo fue el dios que en Grecia ordenó al vientre de la tierra y al agua que se recoge en los mares que creara las corrientes que suben y bajan y cruzan la superficie del Universo. Desde entonces el Viento nos regala ese halo refrescante que penetra nuestros pómulos, nuestros brazos, piernas, axilas y garganta. El Viento viaja en un carro tirado por mil caballos en la tarde desde los polos hasta las líneas ecuatoriales. Y desde junio hasta noviembre juega peligrosamente sobre golfos, islas, costas formando espirales, soplando por su boca ciclones y tornados.
El Viento es un personaje incómodo cuando es impulsado por movimientos bruscos que lo estrujan y hacen se vaya de narices contra olas, rocas, nubes, velas de barcos y elevan en cortina las arenas del desierto. Las agencias meteorológicas miden la fuerza de su músculo y alertan de su presencia para prevenir desastres a su paso indómito.
Mas el Viento es necesario compañero de poetas y enamorados. Su nombre aparece en poemas, cuentos, novelas y acertijos. Esparce sobre los labios de la mujer un suave frío que contrasta con el hervor del hombre que busca remanso en su boca. Es ser traslúcido, equino invisible con alas de cristal, nariz hinchada y casco erguido. Es carruaje que vuela por el éter, conducido por un jinete ebrio y hace sonar el látigo en los flancos de un dragón que arroja fuego por sus ijares. Cabalga por sobre selvas, nevados y cordilleras en fila acompañado de lluvias, cirros, rayos y una sinfónica de truenos y huracanes.
El Viento es un rey que tiene un trono ancho a lo largo del Orbe. Tiene rostro sereno en la mañana y su sonrisa es amarilla en la mitad del día. Calma el sudor, apacigua el ánimo y aviva el pensamiento. Mas cuando llega la tarde y en medio de las tinieblas por la noche pierde el control y su corte desobedece sus deseos. Parece que el hielo y los espasmos húmedos de la tierra atacan sus pulmones y hacen que estornude, tosa y le provoquen convulsiones.
Oh, Viento amigo, entra por mi ventana, juega en mi recámara y oréame las sábanas para sentir el aleteo de tu abanico. Tráeme en tu remolino semillas de tomillo, olor de sanalotodo y yerbabuena y rumor de ríos lentos. Escarba en los rincones, despierta mis humores y ahuyenta los restos de gorgojo que están en la alacena. Limpia con tu lengua húmeda la herida de mis promesas incumplidas y el polvo de mis recuerdos torvos. Purifica las celdas obstruidas de mis secretos íntimos.
Esperaré tu llegada en la aurora. Visítame a deshoras en donde yo me encuentre. Abriré mis poros y se ensancharán mis fosas para recibir tu abrazo. El día que no llegues sabré que ha llegado el final de la existencia.
21-06-10 – 9:14 a.m.
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