EL VALOR SUPREMO DE LAS MUJERES


La magnífica portada de la edición # 36 de la excelente revista de entrevistas “BOCAS”, correspondiente al mes de noviembre de 2014, rinde homenaje a las mujeres colombianas y tiene como personaje central a Caterine Ibarguen, la actual campeona mundial de salto triple, al igual que un segundo lugar en los Juegos Olímpicos de Londres 2012 y la campeona de dos ligas de diamante consecutivas, en 2013 y 2014 (al igual que otros logros importantes, en otras modalidades atléticas), siendo por lo anterior considerada y con todos los méritos, la mejor deportista colombiana de todos los tiempos, en esa disciplina deportiva.
Junto a esa excelsa calidad como deportista, reconocida en todos los niveles, surge también su calidad como PERSONA y como MUJER, al comentar por ejemplo sus impresiones ante la pregunta indiscreta, irrespetuosa, irreverente, malintencionada y MACHISTA del reconocido periodista deportivo César Augusto Londoño, cuando le preguntó en una ocasión: “¿Cuál es su machucante oficial?”. Imagínense ustedes, amables lectores, la intencionalidad de esa pregunta, la picardía y sobretodo la falta de respeto hacia nuestra campeona. Por considerarlo demasiado importante, comparto con ustedes su comentario al respecto, cuando demuestra también su DIGNIDAD y su talante como mujer: “Muy atrevido. No tenía ni la más mínima confianza conmigo… ENTONCES TIENE QUE TRATARME CON RESPETO. PRIMERO PORQUE SOY MUJER y, después, porque soy una persona que no conoce… Pero él seguía insistiendo e insistiendo… Me sentí muy mal. Corté cuando pude la entrevista y decidí nunca más darle la oportunidad de que vuelva a irrespetarme”.
La magnífica respuesta anterior de nuestra excelsa campeona mundial, muestra de cuerpo entero su pensamiento de avanzada en un contexto como el colombiano y suramericano, en donde a cada rato se vulneran los derechos de nuestras mujeres, de nuestra féminas, de nuestras ninfas (como muy bien las bautizó un amigo poeta), merced a un machismo incontrolado, en donde siempre se piensa que el hombre es el sexo fuerte, el que debe mandarlas, el que las debe controlar, a quien hay que obedecer ciegamente, sabiendo que es todo al contrario, las mujeres son el sexo fuerte, empezando desde el mismo nacimiento (la prueba más dura para un ser humano), en donde ellas lo soportan todo con estoicismo y valentía insuperables, y continuando con el crecimiento de los hijos, las labores de la casa (el oficio más desagradecido), y todas las demás obligaciones propias de un hogar. Como muy bien lo dijo alguna vez Mark Twain, refiriéndose a la importancia de la mujer: “Para Adán el paraíso era donde estaba Eva”.
En medio de estas ideas, de estos comentarios en favor de la mujer, viene la paradoja del asunto, la contradicción elevada al grado sumo del comportamiento humano, tan difícil de entender y de explicar. Siendo ellas tan importantes en toda sociedad, en las familias, en todos los contextos donde hay interacción humana, ¿por qué razones desconocidas se las ataca a veces con inusitada violencia, con casos frecuentes de violencia intrafamiliar y hasta con muertes innecesarias? ¿Será posible que llegue algún día en que se haga realidad esa utopía que se escucha por allí, de no maltratarlas ni con el “pétalo de una rosa”, valorando siempre su dignidad como mujeres y como seres humanos, demasiado valiosos para nuestra sociedad?
Para concluir, esta columna la escribo como homenaje a nuestras mujeres, a propósito de recordar el próximo 25 de noviembre de 2014, el Día Internacional de la No Violencia contra la Mujer, propuesto por la Asamblea de las Naciones Unidas, en diciembre de 1999 (hace ya 15 años) en República Dominicana, con la firma de 60 países.




