El valor de tu vida

El valor de tu vida

A partir del mismo momento que Dios nos creó, debemos reflexionar sobre la importancia de la vida.
La vida es un constructo que a diario realizamos; no somos una obra terminada y se debe reconocer como un don inmerecido y sagrado que se nos fue dado.
En el centro de la obra creadora está la humanidad, creada a imagen y semejanza de Dios; por lo tanto, debemos apreciarla y valorarla.
Hemos sido tan afortunados, que Dios crea toda clase de vida y la pone al servicio de la humanidad para que vivamos a plenitud.
Todo lo creado por Dios fue pensando para el bienestar de la humanidad: El sol, el agua todo, porque nos ama con sincero amor.
La vida hermosa que Dios creó, y su relación con Él se rompió por el pecado. Cuando damos cabida a la desobediencia a ir en contra de los preceptos nos acercamos más a la muerte.
Las Sagradas Escrituras dicen que “la paga del pecado es muerte más la dádiva de Dios es vida eterna”.
Los rencores, el odio, la violencia, el egoísmo nos alejan de Dios. Debemos acercarnos a Él, reconociendo que somos pecadores y que necesitamos de su perdón.
Fuimos creados con libre albedrío y nosotros somos los que debemos escogemos si seguir el bien o el mal. Seguir la voluntad de Dios que es el camino que nos lleva a la salvación y vida eterna o el de la perdición, que nos lleva a la muerte y a alejarnos de Dios.
Así es que, la decisión está, en si queremos el camino de salvación que nos lleva a la vida eterna; alejarnos de Él nos conduce a la perdición, a la muerte y al distanciamiento de Dios.
Así pues, la decisión está en elegir el camino de salvación, el que nos lleva a la vida eterna y al encuentro con nuestro Padre Celestial.
Dios envió a su Hijo unigénito para redimirnos del pecado, y la decisión es nuestra: perder la vida o reconocer que el valor de tu vida está en la salvación.
Cuando nos convertimos y nos reconciliamos, somos nuevas criaturas, y Dios hace que seamos luz en medio de las tinieblas, para que brote la justicia, la paz y el amor en cada corazón.
El don más preciado que es la vida, recibido al aceptar a Cristo en nuestros corazones, hace que desistamos de pensar primero en el tener, el placer; y coloquemos a Dios en primer lugar para tener una vida eterna y abundante, libre de odios y amándonos los unos a los otros como Él nos ha enseñado.
Bendiciones.



