El último poeta negro del Chocó


Rebusco y encuentro al amanecer el poemario: “La barca de Ulises”, del poeta Realpe fallecido el año anterior. Libro de 88 páginas con un epígrafe de Huidobro: “Amo el arte negro porque no es un arte de esclavos”. No recuerdo cuándo fue la última vez que vi a Realpe Borja: La última vez me pareció fantasmagórico. Aquella mañana Marco Realpe Borja, llegaba al lugar con su talante de compostura serena, revelando su edad, que parecía no tener.
Este afrodescendiente chocoano de dentadura fulgente, se acomodaba cuando venía años atrás solo al primer café automático, de la carrera 5ta con Jiménez, al igual que el cuentista Carlos Arturo Truque, oriundo de su misma región. Realpe, fue maestro y un hombre sabio, parco y elegante. Que dejaba ver de soslayo sus rencores antiguos acumulados de la infancia los cuales consignaba en una novela inédita, que nunca terminó.
Le preguntaba por las peripecias de su juventud. Y sólo recordaba sufrimientos. Porque vivió en la selva chocoana hasta los veintisiete años en el desamparo y la soledad, según decía, donde la única avanzada de la “civilización”, eran las dragas de la compañía gringa “Chocó Pacifico”, la empresa yanqui extractora del oro y del platino en Andagoya.
En esas largas charlas, Realpe recordaba a mi abuelo paisa, oriundo de Yarumal, Antioquia, quien llegó a ser en Istminá un próspero comerciante y luego funcionario encargado de pagar las nóminas de maestros. Me habló de mi padre autor de poemas como: “Papitú” “Gualy” y “Romance del negro minero”, que fue su profesor de educación física.
Me hubiera gustado preguntarle más por su docencia. Alguna vez contó de tantos mares recorridos. Experiencia, que consignó en su ‘La barca de Ulises’, el poemario extraviado en mi biblioteca. También de las mujeres, dándome a leer su canto a la india del Valle de Tenza: “Secreto amor, cabra mía: oculto en las matas altas/ del fique verde te aguardo”. Al mirar esta vez sus textos iluminados por la muerte, descubro la influencia de Walt Whitman, Pablo Neruda, Vicente Huidobro, y del mexicano Jaime Sabines. Pero también revelando su voz un tono propio.
Su “Canto al falo”, es único en los anales de la poesía erótica colombiana, y más aún escrito en una época remota en que la poesía colombiana se caracterizaba por ser timorata. Realpe lo escribió mucho antes, que los temas del sexo aparecieran. Cuando se publicó escandalizó a la aldea bogotana. También en “La barca” aparece Canto Civil a Walt Whitman, Piedra y Silencio en San Agustín, y Oigo tus Pasos. Revelando en ellos su eterna trashumancia por la Costa Pacífica y Atlántica, Antioquia, Llanos Orientales, Guajira y Boyacá.
A comienzos de los sesentas, el poeta Caupolicán Ovalle lo invitó a Venezuela, donde pasó un largo tiempo: escribiendo, dictando conferencias, y dando recitales de su poesía. Escojo dos poemas de su La Barca de Ulises, del año 1959. Pequeña muestra de su talento y calidad.
LA AMANTE
Sin el amante
la amante sola, duerme.
Sobresaltada se levanta
un ángel anda desnudo
por su sueño.
Y en un aire de falos y de trinos
flotan como pólenes
dulces sus palabras.
bajo el follaje que la cubre
ella escucha sonámbula sus voces,
los secretos relinchos y llamados.
Por sus senos
hay un tigre encelado
y la persigue en sus noches,
con él baila desnuda
y en sus lechos se estira.
Como un relámpago nocturno
la vigila en su sueño
y a sus flancos se pega
la asalta impuro
y en su cuerpo desnudo,
él celebra feliz sus holocaustos.
CANTO AL FALO
Aquí lo más íntimo de mi ser silencioso
enracimado de uvas y puente de mi especie
-péndulo fijo, sin horario fijo-
y donde empieza mi jardín de alambre.
Me agrupo me recojo como niño con miedo
ahí en lo más hermoso de mi cuerpo indispensable.
Por sus cálices rojos cuando asciende
su olor caliente su pura emanación
y con dulce vigor a completarme.
Prolongas mi origen en sus venas
oh fea flor extraña que más quiero
y sienten más cerca las mujeres que amo.
Bajo qué órbita roja de qué astro
en un abrazo el mar cubre la costa,
de semen vegetal y ardor terrestre
arde el gordo abejorro, la luciérnaga azul.
Oh ebriedad del minuto en el aire nupcial!
La garra en celo y el colmillo en lo espeso,
la cópula en la larva de la extensión marina
y en las aguas que vuelvan las ovas del pescado.
De ti con fuerza expandes mi sagrado vigor,
mi turbio sonido de campana en la niebla,
mis dolorosos sueños de propensión ambigua
el pensamiento agreste en limpio relincho,
sin rumbo lo ondula y me circuye:
las albas, la cigarra encendida, los crepúsculos
la sangre de mis muertos amados que circula
cuando el polen visita las corolas.
Y hay oh falo mío algo que a veces
me inunda y me desgarra en su estación.





