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Lunes, 5 de octubre de 2026

El último Buendía

El último Buendía

Imagen por: https://chatgpt.com/

SILVIO AVENDAÑO
El final de Cien años de soledad (1966) es visto como apocalíptico.   A pesar de ello, considero que lo mejor de la novela es el final. Quizá las mejores páginas de Cien años de soledad son las últimas. Y digo esto porque en ellas el postrer de los Aurelianos por querer saber quién es, por averiguar cuál es su origen, la autognosis: el conocimiento de sí mismo, descifra los pergaminos de Melquíades, que ninguno de los Buendía había podido descifrar.

 

El último Aureliano llega a comprender, no sólo su oscuro origen, también consigue entender la repetibilidad de la historia de Macondo. Entonces hay un quiebre en su certeza pues al nacer el niño -hijo de Amaranta Ursula y Aurealiano- antes de darse cuenta que ha nacido con cola de cerdo, Aureliano dice: “Se llamará Aureliano y ganará treinta y dos guerras civiles”. Sin embargo, esa certidumbre de volver a comenzar la historia de Macondo se diluye al cerciorarse que el niño tiene cola de cerdo y por la muerte de la mujer amada. Sin saber qué hacer, vuelve a los pergaminos y poco a poco toma conciencia de que Macondo no significa otra cosa que el fracaso.

 

Mediante la lectura de los pergaminos de Melquiades ve cuál ha sido la historia ilusoria de Macondo, dado que el entramado de los acontecimientos crea la apariencia del progreso. La lucidez de Aureliano es la agudeza al percibir que el destino de Macondo no encierra más que hechos fatídicos. Si bien es cierto que Macondo fue una arcadia, los sucesos que se desencadenan, luego de la fundación, llevan al devenir de una historia sin sentido. El primero de ellos es la peste del olvido. A diferencia de lo que ocurre en el Menón, de Platón -conocer es recordar- en Macondo la peste del olvido hace imposible la autognosis para darse cuenta que la historia no es otra cosa que la repetición. La segunda certidumbre, a la que llega Aureliano es la desgracia de las guerras civiles. Estas confrontaciones llevan al fratricidio, a la desfiguración de los partidos políticos, desde la fundación de la república. Y, por último, además de la peste del olvido y las continuas guerras civiles, el peor de los males: las multinacionales. En Macondo, la United Fruit Company, aparentemente, llevó al espejismo del progreso, que termina en la destrucción.

 

El último de los Buendía comprende cuál es el “progreso” de Macondo, porque percibe el espejismo de la peste del olvido, las guerras civiles y las multinacionales. Por eso no es apocalíptico el final de Cien años de soledad. La catástrofe de Macondo hubiese sido que después de lo que ha sucedido comenzase una vez más la misma historia.


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