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sábado 26 mayo, 2012 a las 2:24 pm

EL TRANSGRESOR DE FRONTERAS

Julio César Espinosa

Especial para Proclama del Cauca

Madre Natura levantó unas fronteras naturales a efectos de que cada especie ocupara una porción  de vida, de espacio y de identidad, con los cuales garantizarle la supervivencia.

Hijo de Madre Natura, el hombre fue hecho con materiales del caos original. La Gran Progenitora sacó de la masa informe el ojo, las manos, la piel, el cerebro, el corazón y demás. Pero ni el ojo ni las manos, por ejemplo, andaban por ahí, al garete, en el sin-ritmo del caos. El ojo no estaba formado. Aquella mamá divinal, para hacer el ojo, rebulló el caos, y prensó con su ensortijada mano la córnea, luego el cristalino, la esclerótica. Para fabricar la mano, buscó con infinita paciencia una falange, el pulgar, un meñique, los tarsos y así sucesivamente. Este trabajo de orfebrería fue aún más especializado. Para hacer el meñique escudriñó en esas desordenadas aguas informes un fragmento de piel, la uña-madre y el calcio, la falangeta por un lado y la falangina por otro. Ya antes, hacer la falangina le había demandado tiempo precioso y gran concentración. Con restos de fósforo y calcio esculpió las dos caras y los dos extremos, el distal y el proximal. La labor fue igual para la falangeta. Y de donde salió el fósforo y el calcio? Pues del mismo caos original. Con un molinillo azteca revolvió la materia informe, hizo presión y conjuró los elementos primordiales y los diferenció, uno como fósforo y otro como calcio.

El problema es que el fósforo, la falangeta, la piel, la uña, el meñique, el ojo, la cabeza, el tronco, las extremidades, el hombre completo, desde el principio quedaron con una cierta afición al caos. Este caos es tan sabroso. No está uno aislado de nada, cualquier cosa preexiste allí. Yo soy el sol, la falangina y la mariposa. Yo soy todo. Pero no era consciente de ello. La voluntad ordenadora es el Hombre Divinal.

La actual civilización global y enciclopédica ha formado al Contrahombre Terrestre, el Trasgresor de Fronteras. Por la vanidad de su minúsculo porcentaje de inteligencia se creyó autorizado para borrar las fronteras naturales entre los sexos: vestidos unisexo, peinados unisexo, comportamientos unisexo. Para borrar los límites naturales entre las especies: manzanas-peras, duraznos amanzanados, toros-búfalos, maíz transgénico. Para borrar los linderos naturales de realidades menos tangibles pero más importantes, como los confines de su avaricia y de su ira, los lindes de su lascivia y la línea divisoria de su poder o los cotos  éticos entre placer y continencia.

Cuando el Contrahombre Terrestre acabó de destruir las fronteras naturales, comenzó a levantar linderos artificiales, arbitrarios. A un lote de tierra le puso bandera y lo llamó patria. A la propiedad común le puso cercos de púas, una escritura o una caja fuerte y la llamó “mía”. Parceló el pensamiento y lo tildó de izquierda o de derecha. Su arrogancia dividió a la divinidad: Dios verdadero y Dios falso.

El Gran Olvidadizo, el Contrahombre Terrestre ya no puede recordar las antiguas hecatombes: cuando se acabaron los límites naturales y triunfaron los linderos artificiales llegó de nuevo el caos,  es decir, la locura, la desdicha infinita y la muerte.
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