El tonto de la colina


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El tonto de la colina.
Por: Jaime Cárdenas
Tristemente confundida con fotos de Milei, con titulares en los que se registraba el aumento del ACPM., con fotos de los carrotanques del pillo Olmedo apareció la noticia del reconocimiento por parte de la Corte Constitucional del Acuerdo de Escazú.
El Tratado de Escazú: The fool in the Hill, es el tonto de la colina al que nadie ve, como al tonto de esa bella canción de los Beatles.
¿Quién ha visto al tonto de la colina del Acuerdo de Escazú? En el Ministerio del Medio Ambiente nadie quería verlo, ni hablar de él, salvo la ministra, el viceministro Canal, su asesor jurídico, Valentina y su alegre tropa de participación y yo. Al resto no le importaba. Burócratas verdes felices en su colina digital.
Por fuera el Acuerdo de Escazú es un perfecto desconocido. De él saben unas cuantas oenegés serias y comprometidas con el medio ambiente y dos profesores de universidades privadas. Y, claro está, El bachiller, Paloma Valencia y Paola Beltrán que querían que el Acuerdo se hundiera. Lo conocen tres dirigentes indígenas,- otros están preocupados por cerrar vías y ocuparse de sus negocios- y tres afrodescendientes que aman sus ríos.
Deberían haberlo vitoreado los poetas que se ufanan de amar a la naturaleza, los pintores que se inspiran en ella para su creación, los abogados, porque el Acuerdo de Escazú es una pieza maestra de los arquitectos de las normas. Todos debíamos de habernos alborozado por el reconocimiento jurídico del Tratado de Escazú. Están desmoronando e incendiando nuestra casa, envenenando el agua de la alberca, acabando con los pájaros cantores de los amaneceres. Viene una arremetida brutal por nuestros recursos, se necesita acumular, más ganancias, consumir energía, agua. ¿No se hace el papel de tonto aceptando que todo el alboroto contra Venezuela es por su democracia, por la pureza de sus elecciones?
El Acuerdo de Escazú ha pasado inadvertido. Es posible que la gran indiferencia fruto de las decepciones lleven a la incredulidad, a un escepticismo rampante. Es una montaña la que cae cuando llega el desencanto tanto en la vida personal como colectiva. Pero con esta posición solo gana la muerte, el capital, la muerte. Sin embargo, las causas de la indiferencia pueden ser más profundas. Formados en el más rancio individualismo, los derechos colectivos no tienen asiento en nuestro imaginario. Forzados por la sed, el hambre y el calor tal vez se vean las cosas diferentes.
Habrá que preguntarse si a la ministra y al gobierno de la vida realmente les interesa que los colombianos conozcan el Acuerdo de Escazú, que se apropien de él y lo utilicen para participar en los asuntos ambientales, para demandar justicia en estos temas y la información pertinente. Se ha dicho que el Acuerdo es el primero en el mundo para la defensa de los lideres ambientales, razón de más para que sea realidad y no letra muerta. ¿Se optará por el silencio, o por la farsa, por la confusión y la demagogia, como ha ocurrido con la Asamblea Nacional Constituyente sobre la que mejor hubiera sido callar pues lo que se dijo solo ha servido para su desprestigio?
Pero el tonto de la colina sabe que el mundo da vueltas y que el sol se esconde.
He knows that they’re the fools. Él sabe que ellos son los tontos.
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