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Jueves, 15 de octubre de 2026

El suroccidente olvidado reclama al nuevo presidente

El suroccidente olvidado reclama al nuevo presidente, Foto 01

Cuatro departamentos esperan que Abelardo de la Espriella gobierne para todos los colombianos

Por David Luna | Proclama del Pacífico

David Luna

Abelardo de la Espriella ganó la presidencia de Colombia el domingo 21 de junio de 2026. Perdió en Cauca, en Valle del Cauca, en Nariño y en Chocó. El suroccidente colombiano le dijo que no. Pero esos cuatro departamentos tienen algo que decirle al nuevo mandatario antes de que se instale en la Casa de Nariño: somos colombianos, estamos olvidados y necesitamos hechos.

El Pacífico colombiano no es una periferia. Es una región que concentra la mayor biodiversidad del hemisferio, la estrella fluvial más importante del país, dos océanos de potencial y cuatro departamentos donde la ausencia del Estado se siente en cada carretera sin pavimentar, en cada hospital sin médicos, en cada comunidad sin agua potable. Este es el mapa de los problemas que el nuevo presidente tiene la obligación de resolver.

Cauca, un departamento costero sin vía al mar

El Cauca tiene 150 kilómetros de litoral sobre el Pacífico. En sus costas están Guapi, Timbiquí y López de Micay, tres municipios que la mayoría de caucanos jamás ha visitado. La razón es tan simple como vergonzosa: no existe una carretera que conecte a Popayán con su propia costa.

Para llegar a Guapi desde Popayán hay que tomar una avioneta o emprender un viaje de más de 12 horas por trochas y ríos. Timbiquí y López de Micay son accesibles únicamente por vía fluvial o aérea. Un departamento que tiene costa no puede llevar a sus ciudadanos al mar. Esa es la dimensión del abandono.

La vía al mar del Cauca ha sido promesa de campaña de todos los gobiernos durante más de cuatro décadas. Ninguno la ha cumplido. Los estudios de factibilidad existen. Los diseños se han hecho y rehecho. Los recursos se han prometido y desviado. La carretera sigue sin construirse.

Mientras tanto, Guapi enfrenta una crisis humanitaria silenciosa: desplazamiento forzado, presencia de grupos armados que controlan el narcotráfico fluvial, falta de acueducto y alcantarillado, un hospital que apenas funciona y una economía de subsistencia que no ofrece futuro a los jóvenes. Timbiquí y López de Micay viven situaciones similares o peores.

La estrella fluvial amenazada

En el Macizo Colombiano, ubicado en el sur del Cauca, nacen los ríos Magdalena, Cauca, Patía y Caquetá. Es la estrella fluvial de Colombia, la fábrica de agua del país entero. De estas montañas depende el suministro hídrico de millones de colombianos desde Popayán hasta Barranquilla, desde Cali hasta Neiva.

Esa fábrica de agua está amenazada. La minería ilegal de oro en municipios como Suárez, Buenos Aires, Bolívar y Argelia destruye los cauces de los ríos con mercurio y cianuro. Las retroexcavadoras operan a la vista de todos. Las dragas recorren los ríos sin que la autoridad ambiental tenga capacidad real de intervención.

La deforestación en la cuenca alta del Patía y en las vertientes del Macizo avanza a un ritmo que la CRC (Corporación Autónoma Regional del Cauca) no logra contener. Los cultivos de uso ilícito ocupan miles de hectáreas en la cordillera occidental, y las aspersiones con glifosato generan más conflicto social que resultados verificables.

El Cauca produce el agua de Colombia. Si esa agua se contamina, el problema deja de ser regional y se convierte en una emergencia nacional.

Orden público, la herida abierta

El Cauca es el departamento más golpeado por el conflicto armado en Colombia durante 2025 y 2026. Las disidencias de las FARC bajo el mando de Iván Mordisco, a través de la estructura Jaime Martínez, convirtieron al departamento en su principal teatro de operaciones.

El atentado del 25 de abril de 2026 en el sector El Túnel de Cajibío, sobre la vía Panamericana, dejó 20 personas muertas y decenas de heridos. Fue el peor ataque contra civiles en Colombia en años. El cabecilla alias Marlon, abatido durante la jornada electoral del 21 de junio, era señalado como responsable directo de ese atentado y de la fábrica de drones explosivos de las disidencias.

Pero la muerte de un cabecilla no resuelve el problema de fondo. Los municipios de Argelia, El Tambo, Patía, Mercaderes, Bolívar y Balboa siguen bajo influencia de grupos armados. El norte del Cauca, desde Santander de Quilichao hasta Corinto y Toribío, enfrenta extorsiones sistemáticas, reclutamiento de menores y disputas territoriales entre disidencias y bandas del narcotráfico.

Los confinamientos afectan a comunidades indígenas Nasa y campesinas de forma recurrente. La Defensoría del Pueblo ha señalado al Cauca como el departamento con mayor número de confinamientos en el primer trimestre de 2026.

Corrupción municipal

El Cauca tiene 42 municipios. La mayoría opera con presupuestos pequeños, baja capacidad técnica y escasa vigilancia ciudadana. Esas condiciones son caldo de cultivo para la corrupción.

Los concejos municipales en muchos casos funcionan como apéndices del alcalde de turno, sin control político real. Los contratos de obra pública se adjudican con sobrecostos documentados. Los recursos del Sistema General de Participaciones llegan a municipios donde no hay interventoría efectiva ni veeduría ciudadana con capacidad técnica.

Los organismos de control, la Contraloría y la Procuraduría, tienen sedes en Popayán pero su presencia efectiva en los 42 municipios es limitada. La Fiscalía no cuenta con suficientes investigadores para atender las denuncias de detrimento patrimonial que se acumulan cada año.

En municipios como Buenos Aires, Suárez, Bolívar y Cajibío, las denuncias por irregularidades en la ejecución de contratos son recurrentes. Los recursos de regalías, los fondos para la paz y las transferencias del gobierno nacional requieren mecanismos de seguimiento más rigurosos.

Nariño, el departamento fronterizo abandonado

Nariño comparte frontera con Ecuador en más de 200 kilómetros. Es la puerta sur de Colombia y debería ser una región estratégica para el comercio binacional y el desarrollo fronterizo. La realidad es otra.

Vías que no conectan

La carretera Pasto-Tumaco es una de las rutas más peligrosas de Colombia. Los derrumbes son frecuentes, el mantenimiento es deficiente y los tramos sin pavimentar obligan a los transportistas a recorridos que duplican los tiempos normales. La conexión entre la capital departamental y su puerto más importante sobre el Pacífico debería ser una prioridad nacional. No lo ha sido.

La vía Popayán-Pasto, que conecta a los dos departamentos del suroccidente, tiene tramos críticos que se cierran con frecuencia por derrumbes, especialmente en la zona del Bordo y del Patía. Cada cierre paraliza el comercio regional y aísla a comunidades enteras.

Tumaco, la crisis permanente

Tumaco es el principal puerto del Pacífico nariñense y una de las ciudades más olvidadas de Colombia. Concentra los mayores índices de necesidades básicas insatisfechas del país. El acueducto es deficiente, el sistema de salud está colapsado y la economía depende en gran medida del cultivo de palma y de la coca.

El narcotráfico ha convertido a Tumaco y a la costa nariñense en corredor obligado para la salida de cocaína hacia Centroamérica y México. Los grupos armados disputan el control de las rutas marítimas y fluviales. Las masacres, los desplazamientos y las amenazas contra líderes sociales son constantes.

Minería ilegal y medioambiente

La minería ilegal de oro en los ríos Telembí, Patía y Mira destruye ecosistemas que son patrimonio de la humanidad. La selva nariñense, que hace parte del Chocó biogeográfico, pierde cobertura boscosa cada año por cuenta de la minería, los cultivos ilícitos y la ganadería extensiva.

Valle del Cauca, la potencia que no despega

El Valle del Cauca es el tercer departamento más importante de Colombia en términos económicos. Tiene industria, agroindustria, el puerto de Buenaventura, universidades de primer nivel y una capital, Cali, con vocación de ciudad global. Pero detrás de esos indicadores se esconden problemas estructurales que ningún gobierno ha resuelto.

Buenaventura, la vergüenza nacional

Por el puerto de Buenaventura entra y sale más del 60 % del comercio exterior colombiano. Es el puerto más importante del Pacífico. Sus habitantes viven en condiciones que contradicen toda lógica: no tienen acueducto ni alcantarillado funcionando de forma adecuada, los barrios de bajamar carecen de servicios básicos y la violencia urbana ha convertido a sectores enteros en zonas donde el Estado no gobierna.

Los planes maestros para Buenaventura se han anunciado una y otra vez. El gobierno Petro prometió inversiones históricas. Los resultados visibles son insuficientes. La comunidad bonaverense sigue esperando que las promesas se conviertan en obras.

El ferrocarril que no llegó

La reactivación del ferrocarril del Pacífico, que conectaría a Buenaventura con el interior del país y reduciría los costos logísticos del comercio exterior colombiano, fue una de las grandes promesas del gobierno Petro. No se cumplió.

El corredor férreo entre Buenaventura y La Tebaida (Quindío) sigue deteriorado. Los estudios de factibilidad existen desde hace décadas. Los recursos se han asignado y reasignado. Las obras no avanzan. Colombia sigue moviendo su comercio exterior en tractomulas por carreteras congestionadas, mientras el ferrocarril se oxida.

Salud en crisis

El sistema hospitalario del Valle del Cauca enfrenta una crisis financiera crónica. Los hospitales públicos acumulan deudas con proveedores y con su propio personal. Las EPS en liquidación han dejado a miles de vallecaucanos sin cobertura efectiva. Las urgencias de los hospitales de Cali atienden pacientes de todo el suroccidente porque los hospitales municipales de Cauca y Nariño no tienen capacidad para resolver casos complejos.

La red pública hospitalaria del norte del Cauca y del sur del Valle depende en gran medida de la E.S.E. Norte 2 y de los hospitales de Cali, generando una sobrecarga que afecta la calidad de la atención.

Inseguridad urbana

Cali sigue registrando índices de homicidio superiores al promedio nacional. El distrito de Aguablanca, la ladera occidental y varios corregimientos rurales enfrentan presencia de bandas dedicadas al microtráfico, la extorsión y el sicariato. Jamundí, municipio conurbado con Cali, se ha convertido en escenario de disputas entre disidencias y bandas criminales que buscan controlar las rutas del narcotráfico que bajan del norte del Cauca.

Chocó, el departamento más pobre de Colombia

El Chocó tiene selva, ríos, dos océanos, ballenas, biodiversidad que el mundo entero envidia y la mayor proporción de población afrodescendiente del país. También tiene los peores indicadores sociales de Colombia.

Sin vías, sin agua, sin salud

Quibdó, la capital del Chocó, no tiene un sistema de acueducto que funcione las 24 horas. Los cortes de agua son diarios. El alcantarillado es precario. Las calles se inundan con cada aguacero porque el drenaje urbano es insuficiente.

La conexión vial entre Quibdó y Medellín, la ruta más utilizada por los chocoanos, es una carretera angosta, sin pavimentar en tramos extensos y con cierres frecuentes por derrumbes. La vía Quibdó-Pereira apenas existe. La conexión con el Pacífico sur chocoano (Nuquí, Bahía Solano) es exclusivamente aérea o marítima.

El sistema de salud del Chocó es el más precario de Colombia. Los hospitales de Quibdó, Istmina y Condoto operan con déficit permanente de personal médico, equipos e insumos. Las comunidades ribereñas del Atrato, el San Juan y el Baudó dependen de brigadas de salud esporádicas.

Minería ilegal, el desastre ambiental

El río Atrato fue declarado sujeto de derechos por la Corte Constitucional en 2016. Diez años después, la minería ilegal de oro sigue destruyendo sus aguas. Las dragas operan en el Atrato medio y alto con impunidad. El mercurio contamina el agua que beben las comunidades ribereñas.

El Chocó biogeográfico es uno de los ecosistemas más ricos del planeta. La deforestación, la minería y los cultivos ilícitos lo están reduciendo a un ritmo que los científicos califican de irreversible en algunas zonas.

Turismo, el potencial desperdiciado

Nuquí y Bahía Solano son destinos de avistamiento de ballenas jorobadas reconocidos internacionalmente. Capurganá y Sapzurro, en el Urabá chocoano, ofrecen playas y selva que podrían competir con cualquier destino del Caribe. Pero la falta de infraestructura hotelera adecuada, la inexistencia de vías terrestres y la precariedad de los aeródromos locales impiden que el turismo se convierta en motor económico real.

El potencial turístico del Chocó es enorme. La inversión necesaria para desarrollarlo no llega.

Los problemas que cruzan los cuatro departamentos

Narcotráfico, el combustible de todo

El suroccidente colombiano es el principal corredor de producción y tránsito de cocaína del país. Los cultivos de coca se concentran en Nariño (Tumaco, Barbacosas, Roberto Payán), Cauca (Argelia, El Tambo, López de Micay) y Chocó (litoral sur). Las rutas de salida utilizan el Pacífico como autopista hacia Centroamérica.

El narcotráfico financia a los grupos armados, alimenta la corrupción local, distorsiona la economía campesina y genera violencia. Ninguna política de sustitución de cultivos ha logrado resultados sostenibles en la región. Las comunidades que intentan transitar hacia la legalidad enfrentan amenazas de los grupos armados que controlan el negocio.

Corrupción, el enemigo silencioso

En los cuatro departamentos, la corrupción drena los recursos que deberían transformar la vida de las comunidades. Alcaldías que contratan obras que nunca se terminan. Concejos municipales que aprueban presupuestos sin debate real. Entidades territoriales que ejecutan contratos con empresas de papel. Recursos de regalías que se pierden en burocracia y sobrecostos.

La distancia geográfica entre los municipios del suroccidente y los centros de poder facilita la impunidad. Los organismos de control no tienen presencia permanente en la mayoría de los municipios. Las veedurías ciudadanas, cuando existen, enfrentan amenazas.

El seguimiento a los recursos públicos en el suroccidente es una tarea pendiente del Estado colombiano. Cada peso que se pierde en corrupción es un metro de carretera que no se construye, una cama de hospital que no se instala, un profesor que no llega a la escuela rural.

Educación y juventud sin oportunidades

Las tasas de deserción escolar en el Pacífico colombiano superan el promedio nacional. Las universidades públicas de la región (Universidad del Cauca, Universidad de Nariño, UTCH en Chocó) operan con presupuestos insuficientes. Los jóvenes del suroccidente que quieren formarse profesionalmente deben migrar a Cali, Bogotá o Medellín, y muchos no tienen los recursos para hacerlo.

El reclutamiento de menores por parte de los grupos armados encuentra terreno fértil donde no hay oportunidades educativas ni laborales para los jóvenes.

El reto del presidente De la Espriella

Abelardo de la Espriella no ganó en el suroccidente. Pero desde el 7 de agosto gobernará para todos los colombianos, incluidos los más de seis millones de personas que habitan en Cauca, Valle del Cauca, Nariño y Chocó.

El reto es enorme y la oportunidad es histórica. Un presidente que llegue al suroccidente con hechos concretos, no con promesas electorales, tiene la posibilidad de conquistar una región que ha aprendido a desconfiar de Bogotá. Las acciones que el nuevo gobierno debería priorizar son claras: construir la vía al mar del Cauca, completar la carretera Pasto-Tumaco, reactivar el ferrocarril del Pacífico, intervenir la crisis de Buenaventura con resultados medibles, combatir la minería ilegal con fuerza pública y alternativas económicas reales, fortalecer el sistema hospitalario regional y establecer mecanismos efectivos de control a la ejecución de recursos públicos en los municipios.

No se trata de caridad. Se trata de gobernar un territorio que produce el agua de Colombia, que mueve su comercio exterior por Buenaventura, que custodia la biodiversidad más rica del continente y que alberga comunidades afrodescendientes e indígenas cuya cultura es patrimonio de la nación.

El suroccidente colombiano no pide favores. Pide que el Estado cumpla su función. Pide carreteras, hospitales, escuelas, seguridad y justicia. Pide lo que cualquier región de Colombia tiene derecho a exigir.

Presidente De la Espriella: el suroccidente lo está mirando. Demuestre que gobernar para todos no es un discurso de campaña sino una decisión de Estado. Conquiste esta región con hechos. Los votos que no tuvo el 21 de junio puede ganarlos con obras durante los próximos cuatro años. Pero solo si mira hacia el Pacífico con la urgencia que esta tierra merece.

 

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