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Domingo, 4 de octubre de 2026

EL RÍO CALI DESPIDE EL AÑO 2013

río carrion
Bulevar de los Días
Por Leopoldo de Quevedo y Monroy
Loco-mbiano
Imagen del Río Carrión, desde la zona de Las Cortes, en Velilla del Río Carrión, Palencia.

 

…
Nuestras vidas son los ríos
que van a dar en la mar,
que es el morir;
allí van los señoríos
derechos a se acabar
y consumir;
allí los ríos caudales,
allí los otros medianos
y más chicos;
allegados, son iguales
los que viven por sus manos
y los ricos.

Jorge Manrique. Elegía a mi padre.

Nuestros siete ríos en Cali son la vida para quienes vivimos en esta Ciudad. Si nos apropiamos de esta verdad, nunca padeceremos de sed y nos podremos bañar.

Con ternura hoy nos lo vuelve a recordar el poeta castellano nacido en Palencia en 1440. Tal vez se inspiró mirando las aguas de azul de su Río Carrión.

Hoy hemos ido a darle la vuelta al Río Cali, en acelerada caminata, para gozar la frescura de la última mañana que nos ofrece este año que agoniza. Aún es una delicia recorrer sus orillas y contemplar sus ceibas, tulipanes, sauces, acacias, samanes, chiminangos y cañaverales.

Acaba de terminar la temporada de invierno que saturó el cauce del Río, lo limpió de tanta basura que viene de arriba y se llevó algo de los sedimentos que arrojan los vertederos de aguas residuales y las receberas de Montebello. Ayer lucía casi cristalino su lecho. Hablo del lecho del río. Porque también tienen su lecho algunos huéspedes que no tienen donde guarecerse y han tendido sábanas para formar techo.

El Río estuvo crecido, se vio vital, sus aguas rebosaban las piedras y saltaban contentas como si oyeran a Guayacán. Nos olvidamos por unas semanas del hilito que corría medroso por entre las piedrecillas y las inmundicias con que las inundan gentes que viven en sus costados.

Pensaba yo que la autoridad, si es que la hay, debería nombrar unos guardianes para asegurar el bienestar del Río. Recordaba al cubano Pardo Llada quien una vez dijo que si lo nombraran alcalde volvería a hacer del río un bañadero para domingos y fiestas, como lo fue hace ya más de 80 años.

Por ahora toca gozar de lo poco que nos brinda el Río. Su rumor de enfermo de tisis, su queja amarilla de barro, el descuido de sus riberas y la indolencia de quienes viven cerca de su cauce. Sin hablar de quienes pasean sus perros elegantes, sin bolsa y sin vergüenza por dejar defecada la acera. Qué pena decir estas cosas a gente tan culta.

Nos debemos contentar con pasear buscando en el aire y sobre las ramas y piedras a azulejos, alondras, pechiamarillos, dos o tres garzas blancas, porque las negras ya se marcharon.

La sorpresa nos la dieron hoy dos mariposas en celo. Pasaron delante de nosotros haciendo una danza erótica. Detuvieron nuestro paso y nos ofrecieron por unos instantes cuatro o cinco pasos de su baile pasional. Parecían dos bailarinas con alas y cara a cara encerradas en una rueda invisible dentro de la cual se perseguían.  

Todavía tenemos río, por fortuna, con paisaje, con aves canoras y aterciopeladas, con palmas verdes y papiros que escriben elegías en el aire.

31-12-13                                     11-19 a.m.

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