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domingo 4 enero, 2015 a las 8:45 pm

El riesgo de una bala perdida

sicarios foto generica junio 10
Luis Alberto Barrera Moreno
Por: Luís Barrera

Puerto Tejada vuelve a ser noticia por cuenta de los lamentables resultados del enfrentamiento de pandillas las cuales dejan un saldo de seis muertos los primeros tres días del año y varios heridos por cuenta de esta ya casi cotidianidad.

Este agudo problema parece que se les escabullera a las autoridades y la comunidad atónita ni se escatima a sacudirse e indignarse, de un mal social que sigue estigmatizando a la población en general y enlutando centenares de hogares y temiendo en el colectivo el riesgo de una “bala perdida” que puede alojarse en cualquier ciudadano inerme cuando se presente un intercambio de proyectiles.

En nuestra convulsionada e intolerante sociedad, los jóvenes, en su mayoría, tratan de buscar e identificarse con un estilo de vida con el que sientan que son tomados en cuenta realmente.

Es por esta razón que cada vez más jóvenes en Puerto Tejada buscan una solución en el pandillaje. Este es hoy quizás, el problema social que aqueja más este municipio caucano donde actúa un grupo de adolescentes que se enfrentan a problemas comunes y comparten los mismos intereses de una vida facilista, huyéndole a la educación y las escasas oportunidades de empleo y trabajo.

Son impresionantes las cifras de víctimas a causa del accionar de las pandillas que prácticamente operan por todos los barrios y veredas de esta población nortecaucana, sin que mejoren los esfuerzos y neutralizaciones de las autoridades y el sector privado por llamar la atención de este fenómeno.

Se tiene identificado plenamente en Puerto Tejada que las principales causas sociales que provocan el pandillaje han sido la ausencia de familia y el fracaso del sistema educativo local.

En primer lugar, la familia juega un rol muy importante, pues los integrantes de una pandilla suelen proceder de hogares en crisis o destruidos totalmente o parcialmente por parte de los padres, donde sus necesidades materiales o afectivas no son atendidas para un adecuado desarrollo personal y abunda el desamor y sentido de pertenencia por la ciudad, sumado a la permanente “alcahuetería” de muchos padres y familiares que suelen aplaudir y celebrar las fechorías de sus hijos.

En segundo lugar, la educación no ha podido brindar al joven portejadeño los valores y principios básicos necesarios para contribuir al buen camino y, así, no caer en el pandillaje como un modo de vida, fácil para conseguir distinguirse, vestirse a la moda, tomar trago y meter toda clase de vicios.

Por otro lado, existen también obviamente causas económicas que provocan el pandillaje que son la pobreza y el desempleo. En primer lugar, la pobreza y la exclusión causa que los jóvenes tengan carencia de bienes es por esta razón que en las pandillas encuentran dinero fácil por medio de robos, distribución y venta de drogas.

En segundo lugar, el desempleo complementa la pobreza, pues al trabajar ilícitamente en las pandillas se gana mucho más dinero con la venta de drogas, atracos, robos y sicariato, que un empleo formal o informal.

En conclusión, le corresponderá en definitiva al Estado y los gobiernos, a la sociedad en su conjunto invertir fuertemente en la prevención, para intentar sacar inteligentemente a los integrantes de las pandillas, que mayormente son jóvenes con pocos valores y maltratados provenientes de hogares destruidos, sin educación, falta de apoyo en los deportes y prácticas lúdicas.

Las pandillas ya hicieron historia en Puerto Tejada y están conformadas, generalmente, para una ayuda mutua entre miembros, defender su territorio y otras más radicales para hacer actos delictivos con los resultados que hoy se lamentan y lloran en muchos hogares.

En nuestra opinión, la educación y la familia, así sean pobres, son las que más influyen en la decisión del joven para integrarse a una pandilla o seguir con una vida normal.

En el caso de Puerto Tejada, queda demostrado que la violencia no se combate con violencia sino con inteligencia, es una de las conclusiones de un estudio elaborado por docentes y sociólogos sobre el accionar violento y criminal de las pandillas que busca describir el problema social fuertemente arraigado y plantear políticas públicas para su solución.

El “fenómeno de las pandillas en el Puerto” es todo un reto de inclusión en el desarrollo de la ciudad y la región, pues retrata a los pandilleros como víctimas y victimarios de la sociedad. Son víctimas por su propia historia personal, ya que la violencia intrafamiliar y las privaciones económicas los orillaron a buscar en las pandillas una alternativa de vida. Son victimarios porque ejercen violencia en contra de sus rivales, o incluso contra ellos mismos para mantenerse en el modelo de organización y la comunidad que hoy le tema más a una “bala perdida” que una enfermedad natural a la hora de morir.

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