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Jueves, 1 de octubre de 2026

El regreso de la Marquesa, novela para conocer una historia inédita

El regreso de la Marquesa, novela para conocer una historia inédita 1

Alfonso Luna Geller

Hace unos días visité la propiedad urbana de Juan Carlos López Castrillón. Es un lugar rodeado de naturaleza, con espacios abiertos, paisajes que invitan a la contemplación y una tranquilidad que favorece la conversación y la lectura. Sin embargo, más que la belleza del entorno, me impactaron la generosidad de la atención familiar y el obsequio de dos cuidadas obras literarias que hoy tengo en mi biblioteca y que leí con verdadera fruición: El regreso de la Marquesa y La Hacienda Coconuco, Historia y Naturaleza.

Los dos libros están unidos por una misma protagonista y por un lugar que permite recorrer más de tres siglos de historia regional. La primera obra reconstruye la vida de doña Dionisia Pérez de Manrique, marquesa de San Miguel de la Vega. La segunda conduce al lector por la memoria, la arquitectura y el patrimonio natural de la hacienda Coconuco, edificada por la mujer que inspira la novela.

La hacienda Coconuco es una construcción colonial y republicana con más de 300 años de historia, ubicada a unos 25 minutos de Popayán, en las faldas del volcán Puracé. Fue declarada Monumento Nacional en 1977 y constituye uno de los testimonios materiales más importantes del pasado del Cauca.

La marquesa la cedió a la comunidad jesuita en 1740. Tras la expulsión de los jesuitas, la familia Arboleda la compró en 1770. En 1819 pasó a manos del prócer José María Mosquera y Figueroa. Sirvió de sitio de paso para Simón Bolívar en 1826, y fue la residencia favorita del general Tomás Cipriano de Mosquera, cuatro veces presidente de Colombia, quien “decidió” morir allí el 7 de octubre de 1878.

El regreso de la Marquesa, novela para conocer una historia inédita

El libro Hacienda Coconuco, Historia y Naturaleza documenta, con una cuidada muestra fotográfica, los espacios de la hacienda, su arquitectura, sus jardines y el entorno natural que la rodea. Es más, permite comprender la continuidad de un lugar que ha sido escenario de decisiones económicas, religiosas, políticas y familiares durante distintos periodos de la historia colombiana.

Olga Lucía Vejarano Mosquera, esposa de Juan Carlos López Castrillón y descendiente de la familia del general Mosquera, tuvo a su cargo la dirección editorial de esta obra. Durante nuestra conversación nos explicó que Coconuco, convertida en casa museo, es la hacienda más antigua conservada en Colombia. El libro contribuye a respaldar esa memoria y a ponerla al alcance de lectores que quizá nunca han visitado el lugar.

El regreso de la Marquesa, novela para conocer una historia inéditaLa obra El regreso de la Marquesa, sustentada en una investigación sobre la vida de doña Dionisia Pérez de Manrique, Marquesa de San Miguel de la Vega, reconstruye la existencia de una mujer cuya influencia política, económica y social marcó la historia colonial de Popayán y del antiguo Cauca. El autor sostiene el rigor documental con pulso narrativo y construye una prosa que respeta la verdad histórica a la vez que le devuelve aliento humano. Aborda también su relación con las comunidades indígenas, su participación en obras de carácter religioso y su presencia en la reconstrucción de Popayán después del terremoto de 1736.

La obra permite, además, revisar la escasa visibilidad que han tenido las mujeres en buena parte de la historiografía regional. Durante años, los relatos sobre el Cauca se concentraron en gobernadores, militares, presidentes, religiosos y propietarios varones. Muchas mujeres quedaron confinadas a los árboles genealógicos o fueron mencionadas sólo en relación con sus padres, esposos o hijos.

El regreso de la Marquesa contradice esa forma de contar la historia. Dionisia no aparece como un personaje secundario en la vida de los hombres de su tiempo. Es el centro de una narración en la que sus decisiones tienen consecuencias y su patrimonio se convierte en parte de la transformación de un territorio.

Al cerrar sus páginas queda una sensación difícil de describir: la de haber conversado con alguien que llevaba casi tres siglos esperando ser escuchado. Dionisia Pérez de Manrique deja de ser un nombre escondido entre protocolos notariales y documentos coloniales para recuperar respiración, voz, silencios, dudas y esperanzas. Reaparece como un ser humano de carne y memoria.

Eso constituye, quizá, el mayor mérito literario de Juan Carlos López Castrillón.

El regreso de la Marquesa, novela para conocer una historia inédita

Su prosa posee una elegancia rítmica mesurada. Se advierte un profundo respeto por el lector. Cada capítulo revela un trabajo cuidadoso, ajeno a la prisa por impresionar y a los artificios innecesarios, atento al ritmo justo de cada capítulo, que más parece una columna periodística, por su facilidad de leer; pero la belleza del lenguaje sirve a la historia y la sostiene en pie.

Hay frases que permanecen resonando mucho después de terminada la lectura.

«Hacer que la Marquesa vuelva a estar entre nosotros es como una regresión inspiradora». En esta sola expresión se condensa el propósito entero del libro: regresar al pasado para comprender mejor el presente.

La novela alcanza su mayor fuerza en esos pequeños momentos íntimos donde la historia deja de ser colectiva y se vuelve profundamente humana. Aquella confesión conmueve hondo: “—Padre, ¿es pecado haber amado a alguien toda la vida en silencio? No quiero arriesgar mi sitio en el cielo. —No, mi señora, no es pecado. —Entonces… ¿me ayudaríais a hacer llegar una carta a Santa Fe?”

Con apenas unas líneas nace y muere, al mismo tiempo, una historia de amor que conmueve en su misma brevedad. Allí la literatura hace lo que los documentos históricos jamás podrían conseguir: revelar los sentimientos escondidos detrás de los hechos.

Algo semejante ocurre cuando el autor escribe: «Luego, en la oscuridad del templo solo se percibía un olor, el de las flores blancas, pero en esos instantes no olían a muerte, olían a eternidad».

Esta imagen transforma la muerte en memoria y la memoria en permanencia.

Y, quizá, la frase que mejor resume toda la obra sea esta: «Porque algunos seres viven dos veces: una en la tierra y otra en la memoria. Y cuando ambas se encuentran, nace el mito».

Pocas definiciones explican con tanta precisión la función de la literatura histórica. Los grandes personajes nunca desaparecen del todo; esperan a que alguien los rescate del olvido. Juan Carlos López Castrillón asumió esa tarea con Dionisia Pérez de Manrique y el resultado trasciende la biografía novelada para convertirse en un acto de recuperación de la memoria regional.

Quiero decir algo más: leer El regreso de la Marquesa es descubrir que la historia pertenece tanto a los archivos como a la emoción. Y cuando un escritor logra que el lector aprenda recreándose, sin sentir el peso de la erudición, cumple uno de los propósitos más nobles de la literatura.

Y necesito agradecerle a Juan Carlos López Castrillón el privilegio de esta lectura, por haber devuelto a la vida a una mujer extraordinaria de la historia caucana y por recordarnos que escribir también puede ser un acto de justicia. Rescatar del silencio a quienes ayudaron a construir una región es, en el fondo, una forma de honrar la memoria colectiva.

Al terminar el libro uno comprende que la Marquesa ha regresado a las páginas de una novela y, sobre todo, a la conciencia de quienes creemos que los pueblos que conocen su pasado encuentran mejores razones para defender su futuro.

Imágenes tomadas de: https://www.facebook.com/jc.lopezcastrillon


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