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viernes 18 diciembre, 2009 a las 4:40 pm
EL PLANETA SE ACABA EN NUESTRAS MANOS

grupos.emagister.com/…/7123-304140

Por Leopoldo de Quevedo y Monroy
Colombiano
[email protected]

La Ministra del Clima y la energía de Dinamarca Connie Hedegaard está pesimista de las conclusiones de la Cumbre sobre el cambio climático que se lleva a cabo en Copenhague. Los daños que se causan en el planeta avanzan como saltos de guepardo y los pasos que dan los gobiernos son de tortuga, es la frase que puede etiquetar el desinterés que reina en el tratamiento del gran desastre.

En efecto. Cada gobierno mira al vecino emitir sustancias nocivas al ambiente, ve que el calor sube por venas y baja en los sudores, ve que el agua escasea, que los nevados se derriten, que los polos se resquebrajan y se hunden, que los bosques caen por acción de la tala criminal, que el piso por donde se pisa día a día es más frágil para la vida. Pero en las oficinas de control y en los ministerios los encargados se encogen de hombros y se hacen los de la vista gorda. Ellos están ganando su mesada, sus viáticos y las prebendas, y lo demás no importa.

Saben que con su omisión están favoreciendo industrias y grandes compañías – que ante la opinión podrán ser respetables -, pero que los procedimientos que emplean son letales para la calidad del agua o para la conservación del aire o para la salud de los bosques nativos, los humedales y los ríos. Están cometiendo un crimen contra la Naturaleza y con ella están poniendo en peligro, tal vez no la vida y bienestar de quienes disfrutamos hoy la vida. Pero nuestros hijos y los nietos están siendo condenados por la irresponsabilidad y la venalidad de funcionarios que se prestan para autorizar con su firma y su complacencia a los que desvían aguas, a los que arrasan árboles y lanzan por sus chimeneas y aerosoles chorros de contaminación.

He leído que Colombia presentará en Copenhague un gaseoso proyecto para frenar un poco la destrucción masiva de selvas. Tal vez el proyecto es un documento secreto como aquel otro de las bases militares en su momento. No puede haber timidez ni contemplaciones con el tráfico de árboles de las cabeceras de nuestros municipios, no pueden cederse territorios verdes para explotación de minas como en el Tolima y Quindío o Nariño o donde sea y transformar en áridos desiertos nuestra rica geografía. No podemos dejar morir los ríos y querer hacer míseros reservorios de agua para paliar el descuido impune de nuestra ecología. Será repetir lo mismo que quiso hacer el simple Simón y bobo.

No pueden el gobierno nacional, ni los departamentos ni los municipios regalar o vender las especies vegetales, las aguas de los ríos y quebradas a quienes sus fauces jamás calmarán su sed de ambición y riqueza ilimitada como se ha intentado con el dinero del erario rapado a los olvidados campesinos de Colombia.

Hablar del cuidado de nuestros árboles, de nuestras flores, de nuestras montañas tutelares, de nuestros animales originales, del Derecho a nuestra Naturaleza virgen, es más importante que hablar de reelección, asunto que nos tiene más invadidos que la corrupción, las farc, los nuevos paras y el narcotráfico.

No podemos convertir el cuidado del ambiente en una papa caliente y decir que EE.UU. o Europa, China y Rusia son los que tienen que actuar primero porque son los mayores contaminadores. Nos miramos las manos y están contaminadas por la negligencia y la incompetencia.

15-12-09 10:41 a.m.

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