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domingo 3 abril, 2011 a las 2:10 pm

El Plan Nacional de Desarrollo y el Agro

Ana Milena López de Vélez*
Ser autónomos en esta vida, sin depender de un empleo que se puede acabar en cualquier momento, es el sueño de cada habitante de la Colombia rural. Por eso todos nos levantamos con la aurora cuando el cielo negro comienza a ponerse sonrojado y nos acostamos con las gallinas: para que nos alcance el tiempo y nos rindan las labores agropecuarias; para poder escuchar tanto la W como las complacencias musicales y los saludos radiales; para poder rezar; para poder recibir a los familiares y ser bien vistos por los vecinos; para poder estudiar a distancia y para tener tiempo con los partidos de fútbol; para recibir a los políticos y cantarles la tabla. Para tener tiempo de querer y ser queridos. Y tener un techo propio y comer las tres comidas del día bien nutritivas, para mantener la buena salud hasta el fin de nuestros bucólicos días.
Ser autónomos, según el gigante vikingo chileno Manfred MaxNeef, al cual le corre por las venas la sangre de Latinoamérica, significa poder disfrutar de los satisfactores a nuestras necesidades axiológicas que son las mismas mencionadas arriba: Subsistencia, Protección, Afecto, Entendimiento, Participación, Ocio, Creación, Identidad, Libertad y… en algunos aún subsisten dudas para colocar la más reciente de la lista: la Trascendencia.
Creo que todo Plan Nacional de Desarrollo debe apuntar a ese descomunal propósito: que cada colombiano, desde que nace, camine hacia esa autonomía personal que se consigue con buenos hábitos y costumbres y desde luego con el trabajo y el ahorro, y que en los setenta u ochenta años que vivamos la tengamos clara, tanto como individuos como sociedad. Y el estado también.
Leyendo los diez Capítulos del Plan, revisando los Anexos, el Plan Plurianual de Inversiones por Regiones y el Plan de la Rama Judicial, no pude menos que reconocer la seriedad, el esfuerzo y la buena voluntad allí reflejada. Sin embargo, recuerdo también las llamadas a participar en la construcción del Plan. Terrible decir que muchos de nosotros siempre estábamos ocupados para participar y le dejamos la responsabilidad de interpretarnos – en un documento final – al equipo nombrado por el gobierno, de los cuales no conozco a ninguno y sin embargo he estado confiada (¡) en que sabrían encontrar la difícil línea del justo medio en este Desarrollo Sostenible. Aquí van algunos nombres: Nicolás Pérez Marulanda, Hernando José Gómez Restrepo, Juan Mauricio Ramírez Cortés, Carolina Urrutia Campos, Gabriel Armando Piraquive Galeano, Jean Philippe Penning Gaviria, José Alejandro Bayona Chaparro y nuestro Presidente Juan Manuel Santos Calderón.
Déjenme contarles algo. Yo que vivo en la Región Centro, la más desarrollada, a la que corresponde el 18% del territorio nacional y el 60% de la población colombiana, de todos ellos solo he visto y escuchado al Presidente Santos. Qué dirán los habitantes de las otras cuatro regiones. Hemos de desarrollar mejor los satisfactores de nuestras necesidades de Entendimiento y Participación, así vivamos en la Colombia Rural. ¡Qué maravilla cuando nuestra educación supere los personajes del pasado y además de aquellos próceres desencarnados reconozcamos los equipos estructuradores de nuestro Planes Nacionales de Desarrollo!
El Plan Nacional de Desarrollo le habla a la Colombia agropecuaria y rural cuando utiliza la frase: “Igualdad de Oportunidades para la Prosperidad Social”. Esa frase es música para nuestros oídos. Nadie mejor que nosotros para conocer la desigualdad, nosotros que vivimos al filo de la navaja en cuanto a riesgos climáticos, riesgos de ser despojados de la tierra, riesgos de convertirnos todos en desplazados, riesgos de tener un Estado y unas Leyes diseñadas para inclinar la balanza para un solo lado, que no es el de la Colombia Rural. Todo lo anterior, y perdón por tomar fuera de contexto una frase del Plan, “… hace que el crédito no sea el mecanismo de financiamiento más idóneo para este tipo de emprendimientos”.
Sí señores del Estado Colombiano. Igualdad. Por ahora el propósito ha de de ser el de equilibrar el riesgo, balancear el riesgo. El Riesgo Compartido. Que “todos pongan” para enderezar esa balanza que tiene un platillo en la tierra y el otro platillo entre los extraterrestres, en el cielo. Y ese platillo que hoy toca las nubes, tiene grabadas a fuego cuatro letras: AGRO.
*Ingeniera Agrónoma, Universidad Nacional de Colombia. Mestre Agrónoma, Universidade Federal da Bahía, Brasil.
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