EL PELOTEO CON LA VISA SCHENGEN


Loco-mbiano

Por fin está llegando a la superficie y a la boca de los gobiernos, – tanto de acá como de allende los mares – la discriminación en las relaciones internacionales hacia Colombia.
Mucho se habla de globalización, de la amistad de los pueblos, de los tratados de libre comercio, de cumbres y convocatoria a rondas de productos para establecer convenios de cooperación entre los pueblos. Sin embargo, por debajo de agua persiste una evidente sospecha y animadversión hacia los nacionales colombianos en muchísimos países.
El primero, nuestro principal socio. Estados Unidos nos trata desde lejos y concede visa con trabas, citas, pago, entrevistas, huellas dactilares, foto y condiciones. La visa estadounidense se convierte en una especie de salvoconducto, o certificado de buena conducta, como de un colegio militar. Pero es nuestro aliado principal, nuestro respetado amigo, no tan vecino, del Norte.
Qué visages y revoloteos hay que dar y qué miedo a que no resista el candidato ante la mirada del señor o la señora detrás de la ventana de vidrio. Y lo mismo ocurre cuando un colombiano desea ir a un país de los viejos continentes. Ahora está en el furor de la noticia que la eurozona está pensando dar visa a estos insignificantes habitantes del país de la maravillosa coca.
Nos miran de reojo, con visa roja, nos esculcan, les causamos sospecha, nos tienen recelo, somos personajes de dudosa conducta y bichos raros. Parece que solo valieran los embajadores, los jefes de gobierno, los militares y, ni siquiera, los jugadores de fútbol. Somos soportados pero nunca bienvenidos. Pero ellos sí. Aspiran a que les rindamos pleitesía y los consideremos de una raza superior y de una conducta intachable.
Qué raro que nuestro presidente, que nuestra embajadora se hayan atrevido a balbucear que los colombianos deseamos ir a Europa y los Estados Unidos en igualdad de condiciones a como ellos llegan hasta nuestras calles, playas y hoteles. Y que rueguen como un gran regalo que nos concedan ir y venir como ellos. Con el pasaporte y el plan de visita y la libertad de movimiento. ¿Quién les pone cortapisa para andar en chancletas, con pantaloncitos calientes, con gafas verdes o con cámara y cigarrillo?
No podremos hacer lo mismo en Chicago, en Brujas, en Berlín, en Málaga o Barcelona? Ya votaron sí más de 200 eurodiputados y por el no unos 40. ¿Ahora habrá que esperar más largo tiempo que mandos medios hagan realidad esta decisión tan rápida del Parlamento Europeo? Las noticias dicen que no es verdad tanta belleza sobre el efecto de votación tan contundente.
¿Qué tal que no fuéramos el principal socio suramericano con EE. UU. y con la UE? ¿Qué tal que no tuviéramos tratados de libre comercio y nos siguieran tratando como cafres y con taparrabo? ¡Hasta cuándo estaremos fuera de globalización e integración como lo pregonan los derechos humanos y lo hacen palpable las comunicaciones, los lazos de sangre, la infinidad de testimonios de quienes han visto a pisar nuestra tierra y las multinacionales que aprovechan nuestros recursos? ¿No les llevan ellos buenas noticias? Solo Rajoy lo ha reconocido y pregonado.



