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Lunes, 5 de octubre de 2026
viernes 23 agosto, 2013 a las 2:22 pm

El Paro Agrario no sirve para nada

Luis Alberto Barrera Moreno
Luis Barrera - Editor
Por: Luís Barrera

¿Para qué sirve el Paro Nacional Agrario? Es una extraña pregunta, parece similar a preguntar para qué sirven los huracanes o el cáncer. Se nos ha hecho creer que el paro es una respuesta desesperada de las gentes del campo y otros sectores ante la crisis generalizada. Si es así, la respuesta es obvia: no sirve para nada.

Yo opino que esos paros no le convienen a nadie. Esos paros lo que generan son oportunidades o a los politiqueros oportunistas o a los violentos que les fascina pescar en río revuelto para que infiltren el caos, la patanería y el vandalismo muchas veces, protestas justificadas de ciertos sectores sociales y campesinos terminan en ganancia de avivatos.

Lo que si extraña es el por qué el gobierno de Santos, que ha estado siempre dispuesto al diálogo, y que ha demostrado que es un gobierno con talante liberal y democrático, abierto al diálogo, que está en el plan de buscar soluciones efectivas para problemas existentes, lo subestime o lo haya dejado crecer.

La historia se repite: los descontentos, los insatisfechos, los ofuscados, los quebrados y desesperanzados, vuelven y bloquean las vías. Y claro los anarquistas de siempre aprovechan la angustia desesperada de los campesinos y gentes del agro colombiano y ponen en calzas prietas a las autoridades y agentes del orden público.

La gentes tienen razón en protestar, la situación de sectores como de la agricultura tradicional, los pequeños ganaderos y productores de leche, los paneleros, los arroceros, los paperos y ,los camioneros, entre otros, no aguantan más, las deudas y la comercialización de sus productos y servicios los han puesto es una situación limosnera espantosa que no les produce ganancias.

El gobierno colombiano siempre insiste en que el derecho a la protesta social en Colombia se respeta. Sin embargo, el Paro Nacional Agrario y Popular, convocado desde el 19 de Agosto por las principales organizaciones campesinas del país, junto con sectores como transportistas, salud y mineros, ha recibido un tratamiento policivo y militar por parte de las autoridades, que ha violentado toda clase de derechos, según los manifestantes.

Sin embargo, obviamente el mismo gobierno ha recibido la presión y advertencia de otros sectores de la economía y las regiones, que también quieren hacer respetar sus sagrados derechos como el de la libre movilidad, lo que con el caso del Cauca, por ejemplo, como enseñanza del pasado paro y bloqueo  a la carretera Panamericana, dejó un mal sabor y terminó solucionando, aparentemente, un problema de los cafeteros y dejando al borde de la quiebra a otros sectores de relevancia para la región.

El Paro Agrario no sirve para nada, si como producto del diálogo y la concertación se termina en la negociación de un listado de peticiones y reclamos, que nunca se cumplen porque el Estado se compromete a girar recursos y realizar obras y acciones que las presupuesta o se quedan a media marcha.

La gente noble como nuestros campesinos, protestan porque casi nunca se les cumple y de promesas está inundadas las actas firmadas por funcionarios que después salen del Gobierno y dejan “colgados de la brocha” a los voceros y representantes de los sectores manifestantes.

Nuestro sistema legal nos otorga una cantidad de derechos que hacen a la libertad individual de cada uno de nosotros, la Constitución consagra derechos de índole social como el derecho al trabajo, a la vivienda y la educación, la libre movilidad, entre otros. Sin embargo, muchas veces no son efectivamente satisfechos.

Pocas herramientas están en manos de los grupos en situación de vulnerabilidad para ser escuchados, recurriendo, entonces, a prácticas no institucionales, que se manifiestan en taponamientos absurdos de carreteras.

Estos reclamos se traducen en lo que se conoce como protesta social. Ahora bien, en estos casos se trata de una protesta que es realizada con el fin de reclamar la satisfacción de derechos de índole social y económica, razón por la cual se torna un derecho constitucional implícito en nuestra ley suprema.

Sin perjuicio de ello, muchas veces ante este tipo de reclamos, la respuesta es la represión seguida de la criminalización de los actos y por lo tanto el ingreso al sistema penal de los actores, con todas las consecuencias que tal accionar implica sobre los mismos.

Las fuerzas del orden tienen que actuar porque constitucionalmente están para ello. Y no pueden dejar, bajo ninguna excusa, que los violentos, los anarquistas y politiqueros aprovechen la protesta social de miles de campesinos.

El ejercicio de los derechos de ninguna manera puede convertirse en un delito. Los conflictos sociales no pueden resolverse si se los judicializa, esto es así porque el derecho penal no es una herramienta apta para resolver problemas de esta índole ya que no solo no va al fondo de la cuestión, sino que, aún peor, estigmatiza a los intervinientes.

Pero ojo, no se puede perjudicar una inmensa mayoría por el prurito de respetar la protesta social, porque ahí si estaríamos solucionando un problema para unos, y generando otros para quienes nada tienen que ver, pero no pueden tampoco ser insolidarios ante los justos reclamos de millones de compatriotas.

Bien complicado y los paros, bloqueos y protestas terminan siendo una verdadera “papa caliente” para el Estado, que siempre finaliza cediendo con ofertas y promesas que nunca cumple y hace que la historia se repita, porque se perdió el tiempo y el paro como el agrario no sirvió para nada.