EL ORGULLO POR LA GUERRA
spanish.safe-democracy.org/…/
Por Leopoldo de Quevedo y Monroy
Colombiano
¡Oh, la fascinación de la guerra! ¡Oh, los batallones en fila con sus menajes al hombro y frente sus fusiles! ¡Oh, el desfile marcial de diferentes colores! ¡Oh, la marcha de los tanques con sus orugas y cañones! ¡Oh, las caras pintadas, los cascos camuflados y la sonrisa ausente! ¡Oh, los mirages que rugen y las nubes asustadas! ¡Oh, los ruidos de los sables y la gritería de los coroneles! ¡Oh, los aplausos de los fieles y el gozo de los jefes!
La guerra siempre ha sido comida indispensable y un bien preciado en todas las civilizaciones. En la edad más cavernícola se usaron las piedras, las flechas de bambú. Más tarde la honda, las bombardas incendiarias y las caballerías. Hoy la fiesta se ha sofisticado y el teatro ha mejorado. Bases con ayuda extranjera, lanzacohetes de largo alcance, aviones fantasmas, armas con ingredientes químicos, submarinos, superradares y boletines desinformativos. Todo es perfecto y orquestado.
Aquiles se protegió con armadura, vistió de alas sus pies, se hizo acompañar de dioses y diosas, quemó barcos y oyó sirenas, hizo fiestas con Circe y encontró a Penélope de vuelta después de muertes y tormentas. Alejandro en toda su magnificencia no dirigió a su cargo sinfónica de tubas, cornetas, contrabajos y platillos. Apenas si tuvo a generales bien enjaezados, con charreteras y espuelas con los que dominó el mundo conocido. Hitler y Rommel prefiguraron estrategias con panzers, aeroflot, hidroaviones, marchas de tropas de noche con teas y con cisnes y con óperas de Wagner y casi arrasan con naciones y fronteras.
Hoy el amor por la guerra no cesa. Gana terreno la fiebre de compra de armas. Los gobiernos gastan enormes sumas anuales para alimentarse de bocas de cañones y pólvora. Los ciudadanos frotan de contento sus dedos cuando cogen por primera vez un revólver. Lo llevan cargado en su cintura y les gusta mostrar su bulto. Los soldados se sientan sobre piedras y brillan sus ak47 más que el sibarita a su Pontiac. Su hombría se enaltece y parecen Sansones calvos. Vale más que los dólares de su bolsillo y que la razón del vecino. Hablan de marcas y calibres y le dan vuelta en su dedo índice, como cowboy en Oeste. Adorna mejor que un blackberry y duermen con él bajo la almohada.
¿Acaso el mundo morirá arrugado y extenuado y su corazón seguirá suspirando por la guerra? ¿Seguirá el ser humano ordenando a sus feromonas que busquen como pulpos el odio y la maldad en el corazón ajeno? ¿Detrás de qué aroma se empecina la sangre a correr roja y caliente? ¿Será el olor a sudor humano, o el almizcle de la insania que se riega por el ambiente lo que atrae como moscas a la venganza y al despojo?
Ah! Orgullo humano, fatal y presumido. Has llegado hasta caer exangüe en la batalla y vuelves a abrir los ojos para buscar en las tinieblas el arma vengadora. Has sobrevivido a las masacres y sigues husmeando el rastro del culpable. Has nacido tierno y desvalido y ahora fuerte te paras en la roca desafiante como león o punta de ojiva en misiles nucleares. ¿Hasta cuando se detendrá tu brazo y lo pondrás artero tras la trinchera traicionera? ¿Preferirás marchar en solitario entonando el himno de los cuervos con tus cananas llenas igual que un guerrillero sin ojos ni futuro?
30-08-10 – 18:01 p.m.
Leer más…





