EL ORÁCULO NO FUNCIONÓ EN GRECIA



Ni las ocas o cisnes blancos desde el jardín o el lago cacarearon su respuesta. Ni la pitonisa de Cumas ni la de Delfos aparecieron con su mensaje cifrado en las cuentas del Banco Central Europeo, el patrocinio del FMI ni en la Dirección Suprema de la Eu-ro Zona. Toda la espera fue en vano.
Tanto en Cumas como en Delfos la confusión reinó. No valió que la mayoría dijera no en las urnas. Un no a medias, unos votos carentes de sentido o de solución a la vista.
En el aire se respira la esperanza, pero también la incertidumbre. Daba lo mismo votar por el sí que por el no. Esa fue la magia de la propuesta del financista Tsipras con la que jugaba su cabeza. Dejar la duda en la boca de atenienses y troyanos. ¿Era mejor quedar sujetos al manejo de la UE o mejor en la bancarrota del corralito? Para el común de los griegos la espada del antiguo Damocles pendería sobre sus nucas si contestaban sí o no. El efecto de todos modos era letal.
¿Dónde quedaron las enseñanzas de la mayéutica socrática, en donde las aporías de Zenón, en dónde la profundidad del discurso filosófico de Aristóteles o la fría matemática de Pitágoras que ondea en el Universo? No valió la experiencia de Argentina que aún subsiste con todos los avatares de la Kirchner ni hundir la cabeza de avestruz hasta el ombligo en las arenas, porque en Grecia no hay desiertos. Podrían sus responsables llamarla para que les diera el secreto de haber subsistido como nación con todo y eso que conocemos. Su Selección era la última moneda que le quedaba en su bolsa, pero resultaron dos pifias.
Mas queda un deseo onírico en la sociedad donde nació el humanismo. Y ahora cedo la palabra a la poeta Anabel Torres que me regaló esta segunda parte: Grecia ha tenido la osadía de comenzar a reinventar a Europa. Será arduo, probablemente más arduo que la vez primigenia, cuando el fuego todavía había de ser domesticado, la rueda colocada en su sitio y en sus sitios, los hogares apenas por construir y cuando ninguno había caído destruido.
Grecia ha tenido la osadía de plantarse ante el tanque arrollador de este mundo post Tiananmen Square, el que nos ha tocado, de plantarse ante el tanque y decir ¡basta! Ustedes pueden acabar con nuestras vidas pero no pueden seguir matando nuestra dignidad. Somos dignos. Somos dignos de SER.
Las políticas de austeridad y los recortes que recorren sobre todo el sur de Europa son una criminalización de la democracia y son, ante todo, un estruendoso fracaso. Y se necesitó que el país más jodido se enfrentara al gigante de la Troika para que a lo mejor el cambio haya comenzado, el CAMBIO, ¡por fin!, a favor de la vida y de la población que no tiene enchufes, roscas, palancas, cuentas en Suiza, pagos extra realizados en miles de euros por asistir a reuniones, etc. etc.
Es demagogia decir que los griegos han votado por salir de la Unión o por ‘salirse’ del euro. Los griegos no han dicho NO al EURO, sino que han dicho SÍ a ser EUROPEOS. Sé que para la Troika los euros valen más, muchísimo más que los europeos, y ni se diga el resto de la humanidad, pero ese, ESE es el problema, el mayor problema que enfrentamos, su avaricia y su angurria.
Por ahora me iré a dormir y soñaré con Grecia… donde nunca he ido. Donde viví toda la jornada de este domingo, pegada de sus sueños, de su soñar despierto.



