El moribundo pulmón del planeta


Foto: AI
El moribundo pulmón del planeta

Lo que algunos consideraban un chiste, una fábula o una historia de ciencia ficción, se vive hoy con angustia en el trapecio amazónico, donde confluyen las fronteras de Colombia, Perú y Brasil. El cambio climático ha comenzado a afectar gravemente el ecosistema de esta región, impactando tanto la economía como a sus habitantes. Estos han lanzado un S.O.S. a las autoridades ambientales, con la esperanza de que este tema sea tratado como prioritario en la COP16, que se celebrará próximamente en Santiago de Cali.
El río Amazonas, conocido como el más caudaloso y largo del mundo, ha comenzado a experimentar un preocupante descenso en su caudal. Esta fuente hídrica, que nace en Perú, atraviesa Colombia y desemboca en el océano Atlántico en Brasil, solía contener más agua que el Nilo, el Yangtsé y el Misisipi juntos. Sin embargo, su cuenca hidrográfica, que abarca unos 7,4 millones de km², está sufriendo una gran desertificación. Esto se considera una disminución irreversible de la productividad de los ecosistemas terrestres debido a la sobreexplotación y la gestión inadecuada de recursos en zonas propensas a la sequía.
En Brasil, el tramo superior del Amazonas, hasta su confluencia con el río Negro, es conocido como Solimões. En Perú y Colombia, sin embargo, el río es llamado Amazonas desde la unión de los ríos Marañón y Ucayali. En sus últimos reportes, las corporaciones que monitorean esta vital fuente de agua afirman que el ancho del río, que solía estar entre 1.6 y 10 km en su etapa baja, ahora apenas alcanza los 500 metros, lo que deja amplias franjas de playa a sus lados.
Esta disminución en el caudal está afectando gravemente la biodiversidad, el comercio y la vida de las comunidades amazónicas en ciudades como Iquitos, Leticia, Manaos y Belém. Además, está exacerbando la inseguridad alimentaria y la pérdida de cultivos y rendimientos pesqueros. La pérdida de la cubierta vegetal y el riesgo de aparición de enfermedades zoonóticas son solo algunas de las consecuencias de esta crisis.
Las comunidades locales, profundamente afectadas, afirman que el explorador Francisco de Orellana, quien descubrió y nombró el río «Amazonas» por las tribus indígenas guerreras, se llenaría de tristeza al ver el estado actual del pulmón del mundo. El llamado es claro: en la COP16 debe abordarse esta crisis, ya que está en juego la vida de 250 millones de personas y la preservación de uno de los ecosistemas más importantes del planeta.
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