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Domingo, 4 de octubre de 2026

El mítico ‘Mascachochas’

Tomás Cipriano de Mosquera

Felipe Solarte NatesPor: Leandro Felipe Solarte Nates / Un personaje que marcó la vida de Colombia durante gran parte del siglo XIX, desde cuando tenía 16 años y su padre compró con 800 esclavos el derecho a ser edecán de Bolívar, fue el cuatro veces presidente de la República y promotor de varias guerras civiles pos-independencia, Tomás Cipriano de Mosquera; y tal vez la persona que en Popayán conozca más sobre su trasegar y de personas que tuvieron que ver con su vida íntima y pública sea el sociólogo y escritor Víctor Paz Otero, autor de libros como “La Eternidad y el Olvido” y “El demente exquisito”, donde el célebre “Mascachochas” es figura central, y de otras novelas en las que son protagonistas Miranda, Bolívar y Manuelita, su pariente negado y odiado, Obando y Santander, entre otros de sus contemporáneos.

Después de largos años de exilio, como consecuencia del malestar que entre la numerosa parentela de Mosqueras y Arboledas que le sobreviven, causaron sus obras acerca del Gran General, el autor regresó a la Ciudad Blanca, para presentar sus recientes obras y conversar sobre su producción literaria con numerosos asistentes al Paraninfo Caldas de la Universidad del Cauca, donde estuvo el jueves 21 y al auditorio del Banco de la República, al día siguiente.

Víctor Paz Otero
Víctor Paz Otero

“Hace años dejé de ser sociólogo y me convertí en ‘ociólogo’, tampoco pretendo buscar ‘verdades históricas’. Simplemente soy un escritor que busca la ‘verdad literaria’ transmitiendo una estética. No hay verdad histórica. La realidad es inaprensible. En la novela lo fundamental es la vida de los personajes y no el devenir de procesos socio-económicos, políticos, culturales e históricos. Mosquera fue un centro gravitacional en la vida colectiva de Popayán y Colombia y su vida y obra fue mitificada por los historiadores oficiales que convirtieron a los ‘héroes’ de la Independencia en personajes impolutos, sin defectos, casi emparentados con los dioses. En las novelas intento develar literariamente la verdad oculta revelada por otras fuentes diferentes a las frías actas y esquemáticos documentos históricos. Tomás Cipriano era un acumulador excesivo de toda clase de papelitos y esos más varias biografías y las numerosas anécdotas que sus contemporáneos y parientes han conservado por tradición oral, me han aportado mucho más para intentar construir la verdad literaria de mis novelas y sus personajes. A Mosquera no le tengo antipatía, ni niego sus valores. Lo veo en su dimensión cotidiana, en los ardientes amores con Susana, la hermosa mulata de ojos verdes de la que se enamoró “como un adolescente”, según sus propias palabras y con quien dormía en el palacio presidencial, donde también vivía su conflictiva esposa de apellido Arboleda, con quien asistía a los actos protocolarios. TCM a pesar de ser autoritario no era déspota puro. Hablaba tres idiomas, era cosmopolita, vivió en Nueva York, donde en Brooklin le abrió una tienda a su amante. No era apegado a la tierra como la mayoría de sus parientes. Le gustaba la geografía, como ingeniero elaboró varios mapas, promovió la labor de Agustín Codazzi, la navegación por el río Magdalena, emprendió la apertura del camino de Cali a Buenaventura y la construcción del ferrocarril de Panamá. También fue exportador de quina. Le expropió las extensas tierras y edificios a la Iglesia. No era ateo, pero peleaba con el poder de la Iglesia. Era laico y pragmático para unirse con liberales y conservadores según las circunstancias y conveniencias. Era ostentoso para vestirse y en sus cartas personales, casi la mitad de las páginas la ocupaban los 70 apellidos, que era cansón repitiéndolos. Tengo simpatía por sus destellos de demencia y capacidad transgresora. Con personajes como Miranda, Bolívar, Nariño, San Martín, entre otros líderes de la Independencia, marcan el surgimiento en América de los individuos románticos auténticos, que valen por ellos mismos y no por pertenecer a una familia, religión o comarca. Son los Juan Sorel de la historia o como Napoleón confesando “Todo lo he hecho fue motivado por la vanidad”. Bolívar dice que por la ‘gloria’. A Mosquera sólo le quito los lujosos uniformes franceses que le gustaba usar y con el que nos lo han querido mitificar. Fue un ‘exquisito-frénico’ moldeado por Bolívar a quien imitaba en sus costumbres y gestos y por quien guardó una lealtad inquebrantable, al igual que Sucre. Llegó a soñar hasta con invadir a España, detestaba al inmovilismo. No parecía patojo”.

Con estas y otras polémicas expresiones que se quedan cortas en el espacio de esta columna, nos despertó Víctor Paz Otero a los asistentes a sus charlas, la motivación por devorar su prolífica obra, tan desconocida en su tierra natal, donde no ha sido profeta.