“EL MERCURIO EN LA SANGRE ES VENENO”




Tomar agua de la llave del lavadero o del baño o de la cocina puede ser letal. O traerla manualmente en baldes o tinajas de la quebrada y almacenarla en un tanque casero. Como lo deben hacer los campesinos en pueblos pequeños dedicados a la minería que utiliza el mercurio, autorizado por la ley.
Poco a poco el mercurio hace su tarea. Doblegar la salud de los niños, más débiles, de la mujer que está gestando o de un adulto que no tiene otra manera de sobrevivir en donde trabaja o le tocó vivir. Porque la sed, la sopa con pescado del río cercano, el chocolate, la aguadepanela tienen agua y allí viene el mineral que llega a ras de tierra o se sume por la tierra en el agua corriente o de la acequia vecina.
¿Quién ronda al jefe de cuadrilla, quién vigila la medida autorizada del metal letal, quién cuida la salud de tantas familias que no tienen otra oportunidad para trabajar o vivir junto a estos parajes cercanos o apartados de Colombia?
Antes en cada municipio había secretarías de salud o médicos en los hospitales que se interesaban por la salud general del pueblo. Hoy, parece que no hay autoridades sanitarias y que hay poco o ningún esfuerzo por detener los daños que está causando el mercurio en la salud de tanto colombiano.
La Revista Semana* trae esta preocupación en sus páginas. Es una denuncia pública que tantos ojos han abierto y tantos dedos acusadores han mostrado las lacras de nuestros gobernantes. No hay Constitución que valga. Todo se pasa por alto. Solo vale el negocio, el portillo de la ley para violarla.
Lo leemos de semana en semana en una y otra parte, detectando el peligro de la contaminación por mercurio aquí y allá. Y vemos que el crimen pulula y hace secretamente el daño sin que las víctimas palpen que sus venas se están infectando y sus órganos se están degenerando. Y que sus hijos pequeños sufren fiebres, malformaciones en sus miembros, manchas en la piel, gripas continuas, alergias raras.
Los trabajadores poco ven la ganancia, la riqueza en sus bolsillos. Pero sí comienzan a notar que la salud de la familia comienza a ser precaria. El uso del mercurio está haciendo su oficio. Demoler tanto la suciedad en las minas para que aparezca el oro, no importa que sea demasiado el mercurio y que el agua se contamine. Los dueños de la mina no trabajan allí ni los concesionarios. Ellos solo reciben el oro y lo llevan bien limpio y reluciente.
¿Quién defenderá al trabajador, al minero, a quien lava el metal y lo limpia con mercurio? ¿Quién cuidará las aguas cercanas, quién advertirá que el mercurio se cuela por la tierra y llega hasta el subsuelo por donde corre escondida el agua que tomarán sus trabajadores que les llenan los bolsillos a quienes ordenan echar más mercurio? De esta ignominia se habla desde hace años. ¿Qué autoridades sancionan? ¿Qué Agencia se ha roto las vestiduras?



