EL MAESTRO NO VOLVIÓ


Madrigal es una vereda situada a orillas de la carretera Panorama, en las faldas de la cordillera occidental que ha podido sobrevivir a la invasión inmisericorde de la caña de azúcar. Está situada a 5 kilómetros de la cabecera municipal y aunque como todos los campos de Colombia ha visto desfilar sus gentes hacia las ciudades, todavía trabajan la tierra y se dan el lujo de aguantar la pobreza con la dignidad del campesino.
Desde antes del 9 de abril hay en Madrigal una escuela, la “Mélida Cruz” y allí se han educado año tras año sus niños, pocos pero suficientes. Hasta diciembre pasado, cuando el maestro se jubiló y las yeguas que tiene la gobernadora Dilliam moliendo el trapiche departamental, se les olvidó reemplazarlo. Por alguna razón, que dizque es contagiosa y sucede en muchas veredas del abandonado campo colombiano, los burócratas de la Secretaria de Educación, no tomaron previsión, no nombraron ni trasladaron al nuevo maestro y 22 niños se han quedado sin educación este año.
Que eso suceda en la Guajira o en el Chocó, hasta sería explicable .Pero si en el Valle del Cauca, departamento rico y dizque bien gobernado pasa una cosa de estas, comienza a ser asustador porque el país estaría reculando. No importa que la gobernadora trabaje mucho, pero si no tiene ni Secretario de Educación ni quien vigile las yeguas que le dan vuelta a la molienda, va de para atrás como el cangrejo.
Dejar niños sin escuelas por descuido gubernamental lo deberían castigar disciplinariamente. Volver a abandonar al campesino es repetir la historia por la cual se rebelaron las Farc. Y pueblo que repite sus errores va de culos para el estanco.
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