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lunes 27 noviembre, 2017 a las 12:30 pm

EL JACARANDÁ EN BUENOS AIRES

EL JACARANDÁ EN BUENOS AIRES
EL JACARANDÁ EN BUENOS AIRES
Por Leopoldo de Quevedo y Monroy
EL JACARANDÁ EN BUENOS AIRES
Imagen de: http://bit.ly/2AEsHxg

 “¡Jacarandá! 
¡Hay azul en el cielo!
¡Es primavera!
Hay azul en el árbol
Hay azul en el suelo
¡Azul en la vereda!

Nilda Mileo

Qué fiesta encima de los ojos, en el las ramas de los árboles y en el jardín del cielo. Faltaría que el azul de los jacarandás se prendiera de las nubes y quedara violáceo el firmamento entero.

Qué primavera tan fecunda y florida, tan de lila, y adorno sin envoltura. Va cayendo como nieve, pero hace falta el invierno y el frío. Ha entrado la primavera y por todo lado se encuentran los ojos con una alfombra larga en el paisaje. No hay lugar para tanto azul violáceo en los árboles. Hay que soltarlos, dicen las ramas y les dan permiso a las flores  para que se arrodillen en el suelo y jueguen unas con otras…

Qué espectáculo tan sagrado. No acierta la lengua a seguirle el compás a los ojos. No acierta a ponderar tanto adorno al paso en el vehículo o el tren o cuando el de a pie va con su pareja o su amiga a pasear.

¿De dónde sacará tanta tinta el tronco del árbol para echarle día por día a sus flores? Porque la fiesta no es un solo día. Es por toda la temporada… No, no te afanes, que mañana también habrá flores lilas en las ramas como vestido y sobre la vía y al pié se extenderá una alfombra larga por kilómetros de avenidas y calles, dicen todos a los turistas, o a quienes visitan por enésima vez a la Argentina.

Los jacarandás son madres todos los días. Tienen miles de hijas azules y no tienen ramas para tanta gente en su casa. Las mandan al suelo a dormir. El paseante o el niño no saben qué hacer… Si caminar o parar y recogerlas en sus manos, pero de nada serviría porque no cabe tanto lila en miles de manos de quienes salen a caminar todos los días. Las flores lilas al otro día vuelven a estar allí. Pasa como aquel niño inocente que se iba a sentar a la orilla del mar con una tacita para sacar de a poquitos toda el agua del mar…

Gozar y mirar, volver a mirar atrás cuando se aleja el vehículo a ver si todavía está la alfombra allí por donde se pasó ayer. Y sufrir porque quizás mañana ya no estará el azul violáceo por la aquella otra calle por donde pasará.

Ah, de la condición humana. A veces quisiera ponerle condiciones a la Naturaleza. En unas partes, calor, mientras que en otras habrá frío. En una, las flores serán de un día o de una temporada pero no las habrá con profusión como pasa con el jacarandá.

Jacarandá, jacarandá… Azul pasado a violeta: todos se alegran cuando llega la primavera y la Naturaleza se vuelve gris, cuando cambia la estación. Hay que renovar, hay que dejar el arreglo para después. La Naturaleza es sabia y da el ejemplo: nada es bueno si perdura.

25-11-17                                            8:31 p.m.

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