«El Indio» que yo conocí


Cuando conocí a José Orozco — «El Indio», como se le llamó siempre por sus rasgos físicos, tuve el presentimiento de estar frente a un muchacho de modales poco recomendables, de temperamento indómito, como haciendo honor a su sobrenombre.
Sin embargo, el transcurso de los minutos me recordó que nunca se puede juzgar a primera vista, a la ligera. Pues sí. Estaba muy equivocado.
En efecto «El Indio» era temperamental, especialmente cuando se trataba de defender sus convicciones, a las que se aferraba con tozudez, siempre y cuando tuviesen fundamento. De lo contrario, bajaba la guardia y se hacía razonable y sensato.
Entonces me convencí que eso de «El Indio» no era más que por su apariencia física. Por el forro de ese ser corpulento y fornido, porque internamente no había ningún déspota, sino, todo lo contrario, una excelente persona.
Recuerdo mucho que era el que mandaba, o el jefe, mejor dicho, en una oficina que administraba el servicio de agua a Santander de Quilichao. Acuacauca, creo que llamaba. Allí José era un gran colaborador de la comunidad quilichagueña y de todo el que precisara de sus servicios.
Después, ya en la calle, cuando salía de cumplir su labor diaria, confirmaba ser un gran amigo, extraordinario contertulio, allí, diagonal a su oficina, en la Farmacia Colombia, la de Israel Muñoz («Chontaduro»). Donde campeaban el buen humor y el chiste fino u ordinario (había de todo) al caer de la tarde junto al médico Saulo Velasco, Edgar Campuzano (q.e.p.d.), Armando Villafañe, el médico José del Carmen Cristancho, Camilo Álvarez (q.e.p.d.) y Ovidio Villafañe, ente otros. Y allí «El Indio» era centro de atención por su fino y a veces agrio sentido del humor. Escribo de 40 años atrás.
El deporte
Por supuesto, para entonces ya no me quedaba duda de la personalidad de José Orozco. Y, claro, rápidamente le fui conociendo mejor. Yo era un «pichón» de periodista y él un visionario del deporte. Del ciclismo especialmente.
Tuvimos mucho contacto, entre el dirigente y el bisoño periodista. Libramos campañas pidiendo apoyo económico al incipiente comercio de la población, siempre colaboradora con el Almacén Central, de Licenia Herrera; Mueblería Rueda, de Jorge Rueda; Almacén El Día, de Hernando Ariza; Radio Sonic, de Guillermo y Enrique Solís; Almacén y Sastrería Moderno, de Martín Rueda; Farmacia Colombia, de Israel Muñoz; Panadería Centenario, de Gerardo Corrales y el infaltable Sergito Banguero.
Ahhh, y alcaldes como “Chucho» Molina, Limbania Velasco, José Gregorio Velasco y Arnaldo Idrobo (q.e.p.d), quienes siempre se metieron la mano a sus bolsillos y al presupuesto municipal para aportar su apoyo.
Como dice el tango: Qué bueno haberlo vivido para poderlo contar.
A ellos «El Indio» Orozco los agobiaba con sus pedidos para apoyar el deporte. Pero así era él: tozudo, persistente en defensa de sus propósitos. Y el deporte fue siempre uno de sus favoritos.
En esos tiempos, cuando todo era tan difícil, cuando había poca comprensión sobre lo que era el deporte, «El Indio» Orozco fue un luchador tesonero. Por eso, a la hora de su despedida de este mundo, el deporte se hizo presente con sus sentimientos solidarios y sus demostraciones de reconocimiento por intermedio del Club de Ciclismo Ciclo Oro.
Del ciclismo, «El Indio» Orozco y sus patrocinados (Enrique Cuéllar, José Ignacio Scarpetta y Franklin Balanta, entre otros) quedaron muchísimas anécdotas. Pero hoy, tristemente no hay espacio. Quedan para cuando el director lo disponga.
Por ahora, lo que más quería era escribir alguna cosa sobre «El Indio» que yo conocí, de quien fui su amigo.




