EL HUMOR



El humor es un hálito, un olor, es una exudación que sale de las cosas. Como del limón, de la naranja, de la tierra, del árbol, de un huerto, de un campo recién segado, de una aguadepanela, de un vino o de un perfume o de una mujer o un hombre. Es un rastro que deja esparcido alguna de estas realidades nombradas tras sí y por las que se advierte su cercanía.
Muchos objetos tienen su olor característico. Como la madera recién cortada, como el pan que sale del horno a invitarnos a cualquier hora del día. La carne de un bifé chorizo es una tentación cuando uno pasa frente a un restaurante fino. La piña se deja conocer antes de partirla y, repartirla y se hace la boca agua, de solo pensarla o mirarla. Sí, casi todas las cosas y los seres vivos tienen su humor debajo de las alas o de las extremidades. Exhalan el olor que las identifica. Ni los perfumes logran ocultar su naturaleza íntima.
Ni habría que ocultar el humor que cada cosa tiene. No podemos evitar el humor del humus cuando uno se interna por un bosque. El humor del naranjo es inconfundible, el del doncenón por la noche o en las mañanas, el de la azucena, el del romero, el ajo o del poleo.Y el ser humano tiene su humor debajo del brazo y debajo de la lengua. Aunque el que más se nota que el que viene de su pensamiento y sale por medio del lenguaje y de su comportamiento.
El humor puede ser agrio, burlón o sarcástico o festivo. A Diógenes lo conocemos por sus charadas ante el gran Alejandro Magno y por su comportamiento diario con la linterna encendida de día mientras buscaba con afán a un hombre. Perdón, no andaba como un perro oliendo, aunque a él lo apodó Ciorán perro celestial. Inteligente él y bufón buscaba en todas las calles de Atenas, como hoy lo haría en Bogotá o Cali o Buenos Aires y New York o Río a un hombre honesto, humanista y dado a los demás.
No, el humor que no he podido definir aún, es otra cosa. Es la cualidad que hace a un ser humano, gracioso, festivo, capaz de hacer reír y sonreír que son dos cosas muy parecidas. Uno, a veces se ríe a carcajadas en una mesa de café o en la casa propia por un buen chiste o por una sorpresiva alusión que lo defina fuera de contexto. Otras por una delicada o velada referencia a algún parecido a algo que casi no tiene que ver con la persona aludida. O por una cualidad atribuida a alguien por un mínimo parecido, surge una sonrisa de respeto o de conmiseración.
La risa, el humor, el gracejo bien aplicado, el salero, siempre serán bien recibidos entre gente seria y educada. Cuidado, no se vaya a confundir con la grosería, la chabacanería o la burla despiadada. Eso no sería tener sentido del humor sino ser vulgar, soez o crápula.



