EL HUMOR ES UN PLACER INTELECTUAL
Por Leopoldo de Quevedo y Monroy
Colombiano
“Es humor solo es posible si uno puede desarrollar cierto nivel
de pensamiento abstracto. Es un placer intelectual”.
Tristán Bekinschtein
No le puedo contradecir a un eminente neurocirujano y por eso he tomado su pensamiento y el título en el epígrafe. Me ha llamado la atención que el humor sea algo tan científico y cuestión de laboratorio. El doctor Bekinschtein ha debido meter sus dedos hasta el laberinto del cerebro y hacer cosquillas a las neuronas hasta que logró descubrir con qué estímulo es que el hombre distensiona los músculos maseteros y sonríe o estalla, como una máquina, en risa.
Me produce algo de sabor sarcástico oír que el humor es cosa de intelectuales, o, mejor, que el humor sea signo de intelectualidad. Vemos que a los intelectuales les es difícil esbozar una sonrisa o que les sobre tiempo para dedicarlo a compartir con los otros los sucesos más ordinarios de la vida que son los que causan risa. Aunque tal vez el movimiento de una célula en el microcopio sea tan ridículo que mueva los resortes del cerebro o que la solemnidad de un algoritmo sea tan escandalosa que contraste con la simplicidad del menos uno.
El humor no es un olor que sale de un cuerpo en descomposición o de las axilas después del ejercicio físico o el halo de perfume que riega en la acera la mujer que pasa a nuestro lado. El humor es el tono rosado de placidez del ser humano o sensación de bienestar al experimentar –de pronto- un altibajo agradable por un suceso que se sale del ritmo usual. Es como ese descenso suave del avión que casi desvanece pero no alcanza a causar temor o desazón. El ánimo cae en un limbo sabroso, en una región incolora mas no incómoda sino placentera. Es un empujón mental que lo sacude a uno al oír una frase o ver una acción que sorprende gratamente por salirse de los parámetros comunes y ordinarios.
Esos empujones a la mente los siente el niño con los mimos extraños de las tías o abuelos, el tonto con algún movimiento o mueca que lo saque de su mudez o encasillamiento o el muchacho travieso que cae por imprudencia y queda en ridículo ante sus amigos.
Los beodos en las cantinas, los poetas y artistas en las reuniones de café y billar y las solteronas en el juego antes del té disfrutan más que la cerveza, el té o la taza de café, de las charadas, las frases ingeniosas, los juegos de palabras y las parrafadas que terminan con un apunte agudo. La tarde o la noche llenan su panza de risas, de dedos que señalan a quien ha lanzado un dardo equívoco o a quien ha provocado una equivocación graciosa. No es necesario que quien tiene humor lleve un birrete de doctor o una blusa de investigador o se dé aires de conquistador.
El humor es una cualidad innata en el ser humano y –como el orgullo -, terminará el día que la ceniza humana se moje y se sumerja en el Olvido.
03-07-11 – 10:55 a.m.
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