EL HUEVO FILOSOFAL


EL HUEVO FILOSOFAL

El «huevo filosofal«, término alquímico, uno de los imponderables secretos de esa oculta y legendaria ciencia que pretende «convertir los metales viles en oro». Aquí, yo particularmente lo interpreto, tal vez equivocadamente, como la cabeza (la cabeza humana tiene forma de huevo), y es donde se encierra todo el saber (filosofal) posible y real, que ya no es leyenda sino el problema de toda ciencia factible, habida y por haber.
Y es allí, también, en esta «crátera» de las doctrinas herméticas, «donde fluye el néctar sagrado», como digo en mi libro Jesús, el Íntimo, secreto sutilmente escondido en lo oscuro de los acertijos que a mí, particularmente, me han desvelado por más de cincuenta años y que, debo decirlo, por fin logré en 1994 como resultado de «búsqueda interiorizante persistente», como indiqué en otro escrito, hace poco publicado.
Y una vez que se encuentra este escondido Yo («Quien vive en el lugar secreto del Altísimo», reza el salmo), sabes que desde este «mirador», «chacra» ubicable en lo alto de la cabeza, se mira a sí mismo como Eso inmutable, eterno, más allá del tiempo y sus vicisitudes, Consciencia suprema de lo que eres tú, y entonces ya no se vuelve a ocultar; y si lo hace, uno vuelve a él cuando se quiere, porque permanece allí, expedito, abierto (términos, todos, inadecuados para describir Aquello que no es tiempo ni materia ni forma ni espacio), testigo presencial de todo cuanto es.
Y bien, es como incómodo escribir acerca de estos temas en primera persona por la desconfianza, burla o duda más que razonables que se originan en un tópico abundado por la charlatanería (por lo cual pido se me excuse de esta minucia tan personal), pero si no lo hiciera así, no tendría posible valor testimonial.
Me es necesario aclarar también que mezclo aquí, en esta «disertación» (pretencioso término), dos cosas que son enteramente diferentes y que no se deben confundir: por una parte la Alquimia (de la cual no conozco sus intrincados e incomunicables secretos; sólo teóricamente, por apasionadas lecturas), y por otra, aquella Gnosis mística y trascendental que procura la búsqueda de ese «Atman», «Yo secreto», como le llaman el Yoga del Conocimiento y las antiguas tradiciones que buscan esta inmensurable entidad ignorada, núcleo y fundamento de cada ser, Eso que esencialmente es cada uno de nosotros.
**RVQ**
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