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miércoles 16 noviembre, 2022 a las 4:51 pm

El horror del Halloween

El horror del Halloween

El horror del Halloween

Luis Enrique Delgado

Lo que voy a decir, o a escribir, a continuación, posiblemente molestará a algunos lectores. Y digo posiblemente, dejando el beneficio de la duda, porque de lo que sí estoy absolutamente seguro es de que la gran mayoría aceptará mi tal vez enérgica y hasta atrevida opinión.

Pero como en mi larga vida de periodista siempre tuve como lema llamar las cosas por su nombre, sin tapujos, pues más faltaba que ahora expresara mi pensamiento con eufemismos, echándole humo a la verdad.

Para entrar en materia digamos, entonces, con tristeza y pesar, que en lo que ingenuamente en Santander de Quilichao llamamos autoridad, la segunda ciudad del Departamento del Cauca, no es más que una vergüenza.

Hace rato estamos viendo, con dolor y lástima, desde luego, que la invasión del espacio público y su consiguiente incomodidad y perjuicio, es un dolor de cabeza que parece no tener un analgésico de parte de nuestros gobernantes, quienes han sido no solamente endebles y raquíticos de valor, sino absolutamente pusilánimes.

Lo estamos viviendo, no ahora, sino desde tiempo atrás, arrastrando un lastre progresivo y malsano, cada día más asfixiante e insoportable, que arruina la poca comodidad que nos queda a los moradores de Santander de Quilichao.

Eso, pues, habla claramente de una carencia absoluta de autoridad. Es como si nuestras autoridades, para llamarlas de cualquier manera, no tuvieran autoridad para aplicar la autoridad que supuestamente les reviste.

Por otra parte, pero siguiendo con lo mismo, en Santander de Quilichao la autoridad de la movilidad se aplica rigurosamente a los vehículos de cuatro o más ruedas, pero muy poco se ejerce con las motos, cuyos conductores hacen lo que les viene en gana, violando todas las normas, porque no hay control. Se estacionan donde quieren, circulan por donde quieren, sin luces (que como que es la moda) sin placas, o acomodadas de forma irregular y violatoria. No hay respeto para los semáforos, las cebras, los pares, creyéndose los dueños y amos de las vías. No importa que se juegue con la vida, de ellos mismos, y de los transeúntes. Y eso ocurre, simplemente porque los encargados de hacer cumplir las disposiciones son más recaudadores que reguladores del tráfico.

La Secretaría de la Movilidad cree que con programas de alfabetización o prevención en escuelas, a niños que no manejan los vehículos, cumple con sus deberes. Pero no hay campañas para instruir y prevenir las consecuencias del atropello a las disposiciones vigentes (por ejemplo, respete el semáforo: multa de un millón de pesos) y hacerlo efectivo. El respeto a las normas es cultura ciudadana.

El horror del Halloween

Sin embargo, lo más vergonzoso, peligroso y denigrante se vivió en Santander de Quilichao la noche del 31 de octubre, cuando los niños y la población en general pretendieron disfrutar el mal llamado Halloween, pero su felicidad fue arruinada en la noche por una cantidad incalculable de atorrantes que montados en motos y aprovechando la absoluta falta de autoridad se tomaron las calles cometiendo toda clase de abusos y desmanes, sin medir peligros ni consecuencias.

Pero eso sí, acabaron con la celebración de los niños.

Abonemos, no obstante, el plausible propósito de la señora alcaldesa, Lucy Amparo Guzmán, que fiel a la tradición clausuró el parque principal desde tempranas horas para que quedara a disposición de la niñez y su festividad.

Sin embargo, bien se pudo evitar el caos, el desorden, el peligro, y el infierno en que centenares de desadaptados en moto, no solo pusieron en riesgo la integridad de transeúntes, sino de su propia humanidad y la de familiares, pues en algunos casos transportaron hasta cuatro personas, la mayoría de ellas niños.

Fue un horror esa noche, fatídica. Un infierno, como el que se había vivido la noche anterior con los mismos protagonistas, los irresponsables conductores de las motos, con el pretexto de celebrar la pírrica clasificación del Club América a las semifinales del fútbol profesional colombiano.

Lo triste fue confirmar con ello que, al menos en eventos similares, la autoridad en Santander de Quilichao es una vergüenza.

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Otras publicaciones de este autor: http://www.proclamadelpacifico.com/?s=luis+enrique+delgado

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