El horizonte del presente


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El horizonte del presente.

1989 trajo el derrumbe del socialismo real. Frente a la pesadilla del siglo XX: fascismo, nazismo y comunismo, el nuevo orden del mundo se acogió al menor de los males: la democracia. El Washington Consens planteó que el Estado debe cambiar el norte que lo había caracterizado desde la economía keynesiana a partir de la tercera década del siglo XX. La privatización de los servicios: agua, electricidad, educación, comunicaciones, carreteras, reducción del servicio social, crean el perfil de un estado distinto de aquel que se concebía en la filosofía del derecho liberal y del Estado, a partir de la crisis de 1929. La concepción de la res pública es debilitada pues la privatización se vuelve política del Estado y, la transferencia de alimentos a las multinacionales agrarias cambia la distribución de la agricultura en el globo. El desmonte de la economía social, de las reformas sociales, el aumento de la economía de guerra, junto con las desregulaciones, que desembocan en los escandalosos beneficios y dramáticas disparidades del ingreso, junto con el crecimiento del desempleo y la marginación de sectores, que crecen en la pobreza, son la muestra del “nuevo orden mundial”. En este nuevo tinglado, el fundamentalismo del mercado se une con la democracia del voto. Dentro de este esquema las grandes finanzas influyen sobre las campañas electorales para motivar a los ciudadanos a votar ante la ausencia de alternativas. Hay que gastar millones y millones por los mass media, ante la carencia de contenidos. Y, la vida política porque los gobiernos se caracterizan porque las propuestas en campaña no tienen ninguna relación con lo que hacen después los elegidos. Esta disociación del discurso de la campaña con las políticas reales de gobierno aumenta la inanidad del individuo y la carencia de sentido de la sociedad civil. En muchos casos, la toma de decisiones es por decreto presidencial, desconociendo el carácter mismo del sistema democrático. Luego de haber asegurado la elección, los elegidos asumen programas de gobierno, decididos por organismos internacionales.
No es exagerado decir que el totalitarismo tiene la máscara de la democracia. El individuo como tal se esfuma, pues la vida cotidiana padece las privatizaciones, flexibilización del trabajo, inestabilidad laboral, sólo contratos. La salud, educación, vivienda, convertidos en negocios. La concentración económica en pocos, las fusiones económicas a la orden del día. No hay trabajo estable, solo contratos, no hay seguridad social. Además, la economía de mercado destruye la producción de la agricultura, la industria y artesanos. Ante esto se proclama el tiempo de los emprendedores que pueblan las calles y plazas como informales, en la venta de cualquier cosa, con la esperanza de un futuro…
El nuevo orden, iluminado por la estatua de la Libertad, esconde el totalitarismo como forma de gobierno y dominio entre los hombres, disfrazada de democracia. Se trata de la transformación del capitalismo comercial o industrial, basado en la libre competencia del empresario independiente, en el moderno capitalismo de las multinacionales, en el que las relaciones de producción modificadas exigen una nueva conformación del mundo en la explotación de materias primas: petróleo, litio, cobre, uranio… en los países coloniales. La sociedad civil carece de dinámica, no posee la astucia de la razón, sino que la autonomía ha pasado a las multinacionales y, el Estado, como clase burocrática, que encarna el universal se desentiende de éste. Esto trae a la memoria las reflexiones de Andrés Bello cuando leía Peregrinación de Alpha, de Manuel Ancizar. Consideraba que en el futuro habría empresas manufactureras en gran escala que convertirían a las tejedoras en pordioseras, o en el mejor de los casos les permitiría recibir un salario de un capitalista, por lo general extranjero. “Se dirá entonces que el país saldrá ganando. ¿Pero qué es el país sin sus habitantes? Cuando imagino a las tejedoras convertidas en asalariadas, o acaso en algo peor, mis teorías vacilan”.



