EL FANTASMA DEL CONVENTO (1934)


De niños, la influencia de papá hizo que nos gustaran las películas de fantasmas y de miedo. «Lástima, esta casa tan antigua, y no hay fantasmas», decía. Y entre esas películas ocupaban cierto lugar preferencial los filmes mejicanos viejos, en blanco y negro, con sus ambientes sombríos, las casonas coloniales, esos largos pasadizos misteriosos con sus escaleras y recintos desolados, todo un prontuario para crear el clima necesario de zozobra, si es que lo lograban. El tiempo de las sombras y las telarañas, la tarde o la noche con su soledad, los nervios de verse inmersos en historias donde la razón no habita pero la inquietud ausculta, todo ello era una aventura, si es que cabe el término, un pasaje hacia el asombro.
Pero hay que decirlo, abunda cierto prejuicio; cae gratuitamente, creo, sobre determinados filmes del género; y uno se pregunta qué valida esos juicios donde la risa sin motivo puede ser la única razón contestataria, el único dedo que acusa despreciativamente lo que no se valora desde la imparcialidad de un juicio.
He aquí un ejemplo. He visto esta interesante película mejicana de 1934, El fantasma del convento, dirigida por Fernando de Fuentes, con la actuación principal de Marta Ruel, Enrique del Campo y Carlos Villatoro, entre otros. Habrá espacio para regocijo o miedo, inquietud entre las sombras para decorar el sueño que nos ronda interminablemente con preguntas. El tiempo relatado allí nos dirá: «¡Quién sabe si ellos vivieron, o nosotros morimos por una noche!».
(Si le interesa esta película, pulse el link de abajo. Ajuste la calidad del video a 360p, y mire en «modo de teatro»)



