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Sábado, 10 de octubre de 2026

EL EXTERNADO: UNA UNIVERSIDAD CONTRA LOS CERROS

Bogota

Bogota

En 1960, apareció un movimiento que trabajó por convertir a La Candelaria en Centro Histórico Cultural de la Nación que se plasmó en 1963, cuando el gobierno la declaró monumento nacional.

Esta ciudad también nos da sorpresas. Se agazapa para asaltarnos con su ternura y con su horror. Inés Posada

Armando Orozco Tovar
Armando Orozco Tovar

Poco a poco la ciudad, y en especial el  barrio Santa Fe, donde además de la Universidad Externado de Colombia, estaba la residencia del poeta León de Greiff, se fueron transformando en otras cosas no para bien, sino en menoscabo de ellas. Los urbanizadores aprendieron desde el “Bogotazo, qué  tan rápido se valoraba la tierra”, y que a las metrópolis más que construirlas había que irlas gradualmente destruyendo: Demoliendo sus mejores sitios, cambiándole sin belleza sus edificaciones antiguas, sus monumentos naturales y artificiales, levantados a lo largo de su existencia. Y que constituyen un patrimonio apreciable, histórico-cultural de la ciudad.

La Bogotá, conocida desde la niñez por haber nacido en ella, se convirtió con el tiempo en tugurio destinado a albergar cientos de miles de gentes venidas de tierra caliente, expulsadas por los paramilitares de sus tierras por orden de multinacionales. Una urbe presa de Concejos, cuyas recomendaciones para su mejoramiento hechas por los mejores burgomaestres nunca fueron escuchadas, dejando siempre a la capital abandonada al azar. Pudo ser una hermosa ciudad. Situada a 2440, metros de altura sobre el nivel del mar. Temperatura promedio de 18 grados centígrados con la zona templada y tórrida a sus pies a donde muchos de sus habitantes, salen en vacaciones a zambullirse en sus piscinas cercanas.

Tiene además un río, que con su nombre la cruza de oriente a occidente, convertido desde épocas remotas en otro sumidero, que como todas las aguas nacientes en estas montañas andinas caen en la majestuosa corriente del Magdalena, un cauce trashumante desde el Macizo colombiano hasta el Caribe. Allí se ahoga en ese otro charco de contaminación por las carboneras, que ensucian no sólo el agua sino el cielo.

El río San Francisco pudo ser alguna vez algo magnífico y fluvial, con puentes pasándolos de lado a lado como el Sena o el Támesis. Pero hoy en cambio es un “Eje ambiental”, creado por el arquitecto Rogelio Salmona con piletas de aguas sucia y palmas luchando por sobrevivir al descuido. Sirve su afluencia secreta de río preso en cañerías que desembocan en la cloaca mayor del Magdalena por el lado de Girardot. Debía, creo, existir un Ministerio especial para él.

Una de las cosas contra la ciudad más aberrantes bajo los cerros de Monserrate y la Virgen de Guadalupe, es ver como la famosa universidad, nacida hace años en un barrio de putas y travestis, hoy se toma los cerros tutelares por el lado del barrio La Candelaria, que fuera en su tiempo recuperado por Genoveva Carrasco de Samper, la gerente de la Corporación con su nombre en aquel tiempo,(hoy Patrimonio) encargada de cuidar del centro de Bogotá, de la demolición amenazante, para levantar centros comerciales y conjuntos residenciales cerrados, por todo el sector originario donde se fundó la capital, por Jiménez de Quesada, en 1538.

Al subir por la antigua calle de Borja, la vía con nombre de español exterminador de los indios Pijaos del Tolima, se aprecia el enorme edificio de concreto levantado con máxima arrogancia, como continuación de la sede central, que no para de hincharse irrespetuosa de la urbe y sus habitantes. ¿Qué dirían las autoridades distritales cuando le solicitaron los respectivos permisos, para  la construcción de la mole de concreto?

Seguramente nada, porque la Universidad Externado de Colombia, es hoy una institución contra de los cerros de Bogotá.

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