EL ESTILO ES EL HOMBRE
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Por Leopoldo de Quevedo y Monroy
Colombiano
La frase de oro atribuida al famoso ensayista Montaigne, a Azorín y a Buffon, puede usarse para describir lo que está ocurriendo con el actual gobierno colombiano. Juan Manuel Santos ha entrado al estrado pisando como todo un demócrata. No ha necesitado de un mes o de cien días para que el Pueblo, ese rey soberano sin encuestas, lo identifique y lo empiece a clasificar como un hombre de centro y moderado.
Aún antes de tomar posesión empezó a dar muestras de lo que es ser un estadista. Supo lo que significa ser dueño del balón. Con lenguaje claro y reposado, sin estridencias, conformó un gabinete informado, en el que figuran destacados, respetadas figuras. La primera nombrada fue una mujer, la más indicada por su porte y gallardía, para ser la voz de la nación frente a Venezuela y Ecuador. Que fuera ejemplo de buenas maneras, firme y dulce, con excelente dicción, sin asomos de beligerancia. Una perfecta diplomática.
Se ha rodeado de personajes en los que no se encuentran máculas de hechos oscuros, ni fotos comprometedoras y se ha mostrado independiente, sin condicionarse por la herencia caótica que recibió. El fantasma que inicialmente se filtró de un asesor de dudosas estrategias, ha desaparecido del ambiente. Sin afanes mediáticos se ha movido sin grandes alborotos ni aspavientos y ha dejado que sus ministros, capaces, organicen y divulguen sus competencias. Como castillo de arena se ha ido cayendo el “aparato” absurdo construido por el gobierno anterior y en pocas semanas ya se alcanza a ver la nueva fachada. Y hasta los banqueros han dejado entrever que sus dientes están soltando algo de la presa.
Volverá a haber Ministerio de Trabajo – y se anuncia creación de 2 millones de empleos-, de Salud – y se anuncia reforma a la ley 100-, de Justicia – y se anuncia trabajar en armonía con las Cortes-, como se pedía a voces en la campaña. Se recogerá la gente que salió despedida en el pasado, se revisará el valor de los medicamentos en manos de Afidro y las multinacionales, y ojalá que ahora no haya disculpas para que la Coja eterna de Colombia se levante y ande erguida sin muletas ni disculpas.
Santos, el hombre del verde gabán, el mandatario, tiene estilo. Algunos, bastantes, tienen todavía sus temores, porque él decidió cambiar el paradigma de la “seguridad democrática” por el de prosperidad democrática. Aunque el día de la bomba extraña se le salió del inconciente la consabida consigna de su anterior jefe. Pero él tiene una mirada limpia, lenguaje pulcro, ánimo conciliador, ademanes no melosos y se esfuerza por parecer tecnócrata hasta donde su condición de político hábil y desarticulador de la antigua maraña, lo ata.
Vendrá ahora la tarea del Legislativo que complemente la necesidad de devolverle la confianza al Pueblo y de defender lo netamente colombiano. Vendrán lluvias, inundaciones, quemas, pero esperamos que el vestido bien planchado y la cara honrada del Presidente no cambien con el correr del tiempo como los pronósticos del Ideam. Ya pasaron días de rabietas, peroratas de coroneles y raqueteo de ametralladoras que acallaron la prosperidad que deseamos en la educación y la productividad, en la ciudad y el campo.
27-08-10 – 18:55 p.m.
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