EL ESPÍRITU SANTO NOS GUÍA HACIA LA VIDA PLENA
Pbro. Edwar Gerardo Andrade Rojas
Párroco Iglesia de la Stma. Trinidad – Santander de Quilichao
“En efecto, todos los que son guiados por el Espíritu de Dios son hijos de Dios” (Rom 8, 14).
Preguntaron a un sabio cristiano de la antigüedad: «¿Quién es el ser más feliz?» Y respondió: «El ser más feliz de todos es Dios». Como no esperaban esta respuesta, le volvieron a preguntar: «Y después de Dios, ¿quién es el ser más feliz?». “El ser más feliz después de Dios -replicó el sabio-, es aquel que está más cerca de Dios.» Es por esto que nuestra preocupación inmediata después de aceptar a Jesucristo en nuestra vida debe ser CRECER: “Como niños recién nacidos, desead la leche espiritual pura, a fin de que, por ella, crezcáis para la salvación, si es que habéis gustado que el Señor es bueno” (1 Pe 2, 2-3). Nuestra actitud debe ser como la de un niño “Yo, hermanos, no pude hablaros como espirituales, sino como carnales, como niños en Cristo” (1 Co 3,1). Contamos con nuestro Padre Celestial quien, como Padre amoroso nos atenderá y nos protegerá contra toda enfermedad espiritual. ¿Cuáles son algunas de esas enfermedades?
La DUDA: es una enfermedad peligrosa, incluso mortal en el crecimiento de nuestra vida espiritual, ya que puede destruirla. Las principales dudas que se presentan son: ¿Por qué debo confiar en Dios? Leer Hebreos 6, 17-19. ¿Por qué debo confiar en Jesús como el Hijo de Dios? Leer 1 Juan 5, 9-12. ¿Por qué creer en la promesa de Dios a través de Jesús? “Y si sois de Cristo, ya sois descendencia de Abraham, herederos según la Promesa” Leer Gálatas 3, 29. ¿Por qué al creer en Jesús, nos hacemos hijos de Dios? “Pero a todos los que la recibieron les dio poder de hacerse hijos de Dios, a los que creen en su nombre, la cual no nación de sangre, ni de deseo de carne, ni de deseo de hombre, sino que nació de Dios” Leer Juan 1, 12-13.
RENCOR: es una enfermedad grave, que origina otras, especialmente apatía, falta de amor por los hermanos, nos aleja de Dios. “Si, pues, al presentar tu ofrenda en el altar te acuerdas entonces de que un hermano tuyo tiene algo contra ti, deja tu ofrenda allí, delante del altar, y vete primero a reconciliarte con tu hermano: luego vuelves y presentas tu ofrenda” (Mateo 5, 23-24). Si reconocemos que en nuestro corazón existe rencor contra alguna (s) persona (s) o alguna situación particular, debemos pedirle al Señor que nos conceda la gracia de perdonar de corazón, con sinceridad.
APATÍA: es la falta de ánimo para continuar nuestra vida cristiana. Es una enfermedad que generalmente ataca a los recién nacidos, o a los cristianos con nuevo fervor. (Leer 1 Pedro 5, 8-10). Por medio de la comunión el Señor nos llena de su amor y nos anima a perseverar en nuestro crecimiento espiritual, en el conocimiento de su Palabra, en la oración y en nuestra vida de comunidad.
SENTIRSE INCAPAZ E INDIGNO: nuestra confianza no debe estar en nosotros mismos, sino en el Señor Jesús, quien es Todopoderoso, como nos enseña el Apóstol San Pablo al afirmar “Todo lo puedo, en Aquél que me conforta” (Filipenses 4, 13). Por la oración, por los sacramentos, por nuestra entrega, por nuestra voluntad para servirle, poseemos su fuerza y su poder. Es por esto que no debe existir temor en nuestro corazón al emprender cualquier obra del Señor, inspirada por el Espíritu Santo y a la cual la comunidad nos envíe Yo, hermanos, no creo haberlo alcanzado todavía. Pero una cosa hago: olvido lo que dejé atrás y me lanzo a lo que está por delante, corriendo hacia la meta, para alcanzar el premio a que Dios me llama desde lo alto en Cristo Jesús” (Filipenses 3, 13-14).
FALTA DE FE: no se refiere a la duda, sino a esa fe que nos da la seguridad de que Dios va actuar en nosotros y por nosotros, no por nuestros méritos, sino porque él así lo quiere y así lo prometió. “Yo os aseguro, si tenéis fe, como un grano de mostaza, diréis a este monte: desplázate de aquí allá, y se desplazará y nada os será imposible” (Mt 17,20). Para el que cree, para el que ha jugado su vida por la Palabra de Dios, incluso una pequeña señal, un anticipo que a los ojos de los demás puede parecer muy poca cosa, es una alegría inmensa, ya que ese poco es la garantía del amor de Dios que lo promete todo. La fe es camino que debe alumbrar mi existencia para entregarme con amor.
OTRAS ENFERMEDADES: egoísmo, autosuficiencia, falsedad, irreligiosidad, vanagloria, sectarismo, autocompasión, rechazo, etc., serán con la ayuda del Espíritu Santo sanadas “el mismo que, sobre el madero, llevó nuestros pecados en su cuerpo, a fin de que, muertos a nuestros pecados, viviéramos para la justicia; con cuyas heridas habéis sido sanados” (Pedro 2, 24).
Recuerda: “No te dejes vencer por el mal. Antes bien, vence el mal con el bien” (Rom. 12, 21).
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