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miércoles 5 febrero, 2014 a las 2:02 pm

El espionaje a la Paz del Ejército

menor guerrilla
Felipe Solarte web
Por: Felipe Solarte Nates

El escándalo desatado por el descubrimiento en Bogotá de una central de espionaje camuflada del servicio de inteligencia del Ejército Nacional, con la misión especial de chuzar los correos y comunicaciones del equipo negociador del Gobierno Nacional en La Habana, pone en el orden del día la discusión acerca del verdadero papel que cumple una institución tan poderosa en el Estado colombiano y más cuando el gobierno del presidente Santos intenta negociar la paz con las guerrillas que han permanecido vigentes por más de 50 años.

El Ejército más numeroso y profesional de Latinoamérica, junto a la Policía que por la acción guerrillera ha tenido que combatirla, fuera de su función principal de cumplir deberes cívicos con las comunidades, tienen un peso en el Estado que desborda el de instituciones similares de otros países del continente.

No hay que desconocer que después del triunfo de la revolución cubana, las décadas de los 60 y 70, estuvieron marcadas por el auge en numerosos países latinoamericanos de grupos de izquierda de ideología marxista, algunos de los cuales formaron guerrillas que intentaban tomarse el poder por las armas.

Entonces, sucesivos gobiernos de los Estados Unidos, con el ejército más poderoso del mundo y experiencia en la lucha contraguerrillera adquirida enfrentando a los ‘vietcongs’ del Vietnam, como prolongación de la ‘guerra fría’, que adelantaban con la Unión Soviética y en defensa de las multinacionales que habían invertido sus capitales en la región, asumieron como propia la capacitación táctica, técnica e ideológica y dotación de las fuerzas armadas de los países de América y en especial de los del sur, donde patrocinaron dictaduras militares, que además de combatir a las guerrillas donde las había, cometieron atropellos y crímenes contra los movimientos civiles pacíficos de obreros, campesinos y estudiantes que luchaban por sus derechos y la construcción de sociedades más justas.

En esta guerra ‘sucia’, los servicios de inteligencia adquirieron una importancia primordial, no sólo en la interferencia de las comunicaciones de los enemigos y en su infiltración. También en la guerra mediática, pasándole información a grupos políticos como el del presidente Uribe, con gran experiencia en ‘chuzadas’, cuando tuvo al DAS a su servicio y al de los paramilitares, para que desestabilizaran procesos como el de paz, que se desarrolla en Cuba.

Sin duda que, alrededor de la guerra se tejen grandes negocios e intereses y a poderosos grupos económicos nacionales y extranjeros, a Indumil, la industria militar, que cada vez fabrica más armas para las tropas de tierra, aire y la marina, y a políticos de extrema derecha, ligados a poderosos grupos financieros nacionales y extranjeros, les conviene mantenerla para no perder privilegios, como las grandes ganancias que obtienen por sus negocios y en el caso de los altos mandos de las fuerzas armadas, las comisiones por compras de suministros, dotación y armas, las recompensas por ‘falsos positivos’, sin olvidar que por estar en guerra interna, la mayoría de los soldados y policías de la patria, se jubilan en la mitad del tiempo normal exigido al resto de trabajadores.

Pensando en el posconflicto, sin duda que será ardua la tarea de desmontar el enorme aparato institucional armado para tiempos y escenarios de guerra y rediseñarlo en sus justas proporciones, para épocas de paz, por lo menos con la guerrilla, pues tampoco hay que olvidar que motivados por el narcotráfico, la minería ilegal, la extorsión, la conservación de las tierras despojadas a los campesinos desplazados, por los paramilitares y sus socios de ‘buenas familias’, y otros delitos, muchos delincuentes, la mayoría de los cuales aprendieron a manejar armas y se especializaron en combate, cuando fueron reclutados por el ejército, seguirán actuando al margen de la ley.

La construcción de carreteras y obras de beneficio social en las comunidades apartadas donde el Estado no ha hecho presencia y fue reemplazado por los grupos armados irregulares, será prioritaria en el período de transición de un ejército estructurado para la guerra contrainsurgente, acudiendo al igual que la guerrilla, “a todas las formas de lucha”, incluyendo alianzas con paramilitares y otros delincuentes, como sucedió en el pasado.

Menuda tarea para ajustar a la civilidad a las gigantescas y poderosas fuerzas armadas colombianas, le espera al presidente Santos en lo que resta de su mandato y si es reelegido, o a su sucesor, que si es de influencia pastrano- uribista, no hará mayores cambios.

De cuajar el proceso de paz espiado en La Habana, los billones de pesos que en la actualidad se invierten en la guerra interna, podrán destinarse a la construcción de vías, colegios, hospitales servicios públicos y apoyo a proyectos productivos en las extensas regiones rurales del país donde el Estado ha brillado por su ausencia.

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