EL ESPANTAGATOS


Cuando pasó por el frente de mi casa a comprar el desayuno, me preguntó acerca del árbol de flores de pajarito.
¿Sembrará otro cuándo lo arranque? -Me preguntó, continuando su camino.
Hubo un tiempo pensé, que me hicieron felices sus ramas. Sobre todo cuando a través de la ventana las observaba moverse con el viento de agosto, antes de emprender las desdichas del día. A veces en el jardín escuchaba el canto de los pájaros llegando de todas partes: Pericos australianos extraviados y de muchas otras especies venidas de quién sabe dónde, a hacer sus nidos en el árbol. Cada vez, que ella me veía escondido espantando los gatos, me preguntaba:-¿Qué hace? –
-Observo. Le respondía.
– ¿No será que usted es espantagatos? Decía.
– No señora le expresaba mirándola fijo a los ojos. Ellos son los que me espantan el sueño. Me roban el descanso con sus correteos y maullidos por los tejados.
– Hacen el amor- dijo. Y añadió: “Veo, que usted poco duerme.” – Como queriendo llegar a algo.
Sin quitarle la mirada despacio cerré la puerta, y ella se marchó. La vi alejarse triste desde la ventana, pero antes buscó con la mirada los nidos del árbol. Desde aquel fugaz encuentro no la volví a ver. Aquella vez le noté un aura gris rodeándola, como una corona de santa, le brotaba como sombra de todo su cuerpo.
Con temor observé un ave extraña cruzando por el arco iris de sus ojos. No volví a saber de ella, hasta el día en que supe, que la hallaron colgada de un árbol sembrado en el solar de su casa. Pienso, que aquel día cogió semillas del árbol de pajarito, cuando me decía que yo no era más que un aburrido espantagatos.



