
[email protected]
En estos momentos siguiendo la política de su antecesor, el Ministro de Agricultura se encuentra tramitando una ley para justificar los errores cometidos en la venta de tierras a los grandes inversionistas en la zona rural, que ellos llaman terrenos baldíos, ya sean nacionales o extranjeros, con el espíritu, según él, de que confluyan los interés tanto de los que aportan el capital como el de las personas del sector rural que se encuentran en la zona.
Para expresarlo en una forma más apropiada y práctica, las quebradas llegan con nombre propio a los ríos y al final solo queda el nombre del río porque el de las quebradas desaparece.
Claro que esta ley, no solo beneficia a los inversionistas, sino que también, en caso de un cambio de gobierno, protege a los señores que están participando en esta feria de la venta del territorio nacional para que no los vayan a investigar más tarde por el nuevo sistema de colonización.
Me llama la atención cómo los señores que en los momentos de necesitar el apoyo del campesino acuden en forma asidua, prometiendo el oro y el moro; pero luego de ser elegidos se olvidan de las personas cuando lo que ellos legislan afecta en forma directa a este sector; como actualmente se presenta en la parte social, de educación, de tecnología, de investigación, de productividad, de desarrollo.
Considero que en vez de las famosas SAS, a donde solo pueden acceder las personas que posean grandes capitales, se establezcan y fortalezcan las cooperativas agropecuarias integradas por los habitantes del sector que por medio de la investigación, se desarrollen tecnologías que nos vuelvan productivos y así poder competir en ese gran mercado de la globalización.