EL ENCANTAMIENTO DE EVA



Eva miró la serpiente, miró la manzana, la oquedad que la rodeaba, el miedo de sí misma y de su amante ausente…
Un pudor creció en sus entrañas, nubló toda esperanza.
Recogió sus pensamientos, indagó en sí misma, un nuevo rostro reemplazó al primero; vio el azul inmenso, matices raros acercaban el olvido, todo se había hecho extraño bajo el cielo.
“¡Adán, Adán! -gritó-. ¿Dónde estás? La noche será miedo. ¿Qué puedo hacer entre las ramas del follaje? Soy como alguien que ha perdido el sueño.”
Mucha ausencia… Hasta el árbol lloraba, estaba seco; el encantamiento llenaba, la danza del huevo embrujaba la mirada.
“¡Adán, Adán, tus brazos eran más dulces que la aurora!”
RVQ



