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Miércoles, 7 de octubre de 2026

El difícil camino de la paz

Proceso de Paz en Colombia
Carlos E. Cañar Sarria
Carlos E. Cañar Sarria [email protected]

Jamás la paz ha estado tan cerca y al mismo tiempo tan lejana. Arduo y difícil es recorrer el camino de la paz. Esto lo tenían previsto las partes en conflicto dispuestas a negociar. Desde un principio se acordó negociar en medio del conflicto y que el cese al fuego sólo se daría cuando haya un acuerdo de paz definitivo.

Después de casi tres años de llevar negociando la paz en La Habana el Gobierno y las Farc, con el execrable ataque del grupo guerrillero que dio muerte a once militares en el Cauca el mes pasado, después de haber declarado un cese unilateral del fuego a finales del año pasado, el proceso se puso a tambalear cuando el grupo insurgente violó su palabra, llenando de incertidumbre y escepticismo al país que hizo levantar muchas voces de protesta e indignación. Las negociaciones no obstante, prosiguieron a pesar de la incertidumbre y la falta de confianza en el ánimo de los colombianos. Recientemente la arremetida del Ejército que dio de baja a 26 guerrilleros en Guapi, pone de nuevo en peligro la continuidad del proceso.

A pesar de las dificultades, el presidente Santos continúa insistiendo en que los diálogos continúen y convoca a no renunciar a este propósito colectivo que es la empresa de la paz. La guerrilla por su parte, está exigiendo un cese bilateral al fuego, lo cual no es compartido por el Gobierno. Situación que tiene embrollado el proceso.

A las Farc se les ha exigido realizar gestos de paz, para que el camino no se accidente y pueda lograrse un tratado definitivo que implique la reconciliación nacional en un país como el nuestro donde el gobierno, vastos sectores de la sociedad civil, la comunidad internacional, incluyendo los Estados Unidos, se vienen preparando para el postconflicto, que tampoco será tarea fácil. Porque desde el postconflicto se deben estructurar las bases de un nuevo país después de más de cinco décadas de guerra, de derramamiento de sangre y ataques a la infraestructura nacional que ha impedido la inversión social en muchas latitudes de nuestra geografía nacional.

La verdad es que muchos coinciden en afirmar que mientras se mantenga la actitud de dialogar en medio del conflicto y mientras no se dé un cese bilateral del fuego, continuarán las arremetidas de parte y parte  que bien se podrían evitar; pero esta opción de dialogar disparando está considerada como una de las ‘lógicas’ de la guerra que hay que respetar, así no se comparta.

Algo que también es innegable, es el vehemente deseo de paz del Gobierno, el proceso le ha costado al Presidente la pérdida de su capital político lo cual se ha evidenciado en la baja de popularidad traducida en las recientes encuestas.

La guerrilla, después de la muerte de los 26 guerrilleros ha anunciado el rompimiento del cese unilateral del fuego que habían establecido, pero lo cierto es que con el ataque y muerte de los once militares de hace unas semanas, tácitamente ya había hecho tal rompimiento.

Ahora sólo queda no bajar los ánimos a pesar de las  dificultades. Es necesario que avance el proceso y que se acorte el tiempo para hacer posible el más ansiado sueño de los colombianos que es la paz. La paz es un derecho y un deber, está establecida como mandato constitucional. Mientras no se cierren todas las posibilidades y se mantenga viva la esperanza, no podemos involucionar sino avanzar. A Santos le han reclamado la muerte de los once militares en el Cauca; le han llovido críticas de todo lado pero sigue empecinado en responderle al país con el compromiso de campaña que le permitió la reelección: la Paz.

Hay que tener en cuenta que ningún proceso de paz exitoso en el mundo ha sido tarea descomplicada. Insistir en la guerra no es decisión de pueblos civilizados y democráticos. Abortar el proceso a estas alturas del camino es tarea necia e irresponsable.

Cuando se dio el exitoso y definitivo tratado de paz entre el gobierno de Virgilio Barco Vargas y el M-19, después de un agitado proceso, fue porque muchas voluntades particulares hicieron eco colectivo para que la Iniciativa de la Paz no se malograra. Barco fue enfático en reconocer que el problema de la violencia no es asunto exclusivo del Gobierno, ni siquiera del Estado en su conjunto. De ahí el frecuente llamado que hizo a todos los sectores: iglesias, gremios, medios de comunicación, universidades, organizaciones populares, partidos políticos, Fuerzas Militares, etc.

Ahora más que nunca se requiere de la unidad nacional, no en términos partidistas sino en espíritu de reconciliación en procura de una paz estable y duradera. Insistimos en la necesidad de no dejar solo al Presidente. No se pueden perder tres años de negociaciones, ni perder esta oportunidad irrepetible de lograr la paz.

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