EL DIARIO VIVIR


EL DIARIO VIVIR

Cada uno vive un día, un solo día, por día. No son dos. La madrugada, la mañana, el medio día, el rato de la siesta, las onces, la comida y la hora de ir a la cama. Claro con los ratos de silencio y de conversación con las personas que lo rodean a uno. Ah, y faltó el computador, que es como una persona porque uno conversa y sale a ver el mundo con él, oye canciones y ve paisajes y se distrae con tanta imagen y entretenimientos que ofrece el aparato.
Nunca hay rutina. Todos los días el panorama es distinto. Eso es lo bueno. Cada uno vive su vida diferente a los demás. Tiene un chip único con su sello personal por dentro y por fuera. Inconfundible aunque no tan original y chispeante. Parecen algunos clones y robots.
Cada uno en el día vive una vida propia y única. Muchas veces sin planificar. Como si todos los días fueran exactos y siguieran un reglamento o rutina fija. Nunca habrá un día de acciones de iguales tiempos y secuencias anteriores y posteriores iguales. Por más que el ser humano quisiera repetir un día porque fue lleno de éxitos y aciertos nunca un día será igual al anterior.
La Naturaleza humana ha sido sabia y provee de oportunidades a todos los seres humanos para disfrutar su diario existir. Sale el sol, llueve, – haya o no necesidad aparente-, llega un período de calor o llegan los vientos del norte. Parece que hubiera una carta de viaje por día que se cumpliera en cada ciudad. No es lo mismo el día en Cali que en Bogotá o Pasto o Barranquilla o San Gil o Tunja.
Cada ser viviente se ha acostumbrado al clima de su pueblo, frío como Silvia, Cauca, o ardiente como Honda o templado como Choachí. Su indumentaria será acorde con cada clima. Se usará la ruana, el saco o suéter de lana y el pantalón grueso o la camisa de manga corta y el pantalón suave o la camiseta de colores y la pantaloneta como si estuviera a punto de echarse a la piscina.
Las comidas y bebidas en cada región y municipio también tienen sus particularidades. No es lo mismo en Boyacá que en Caldas, en la Costa que en Bogotá y Cundinamarca, Pasto y Cauca diferente a Santander o Antioquia. Huila y Tolima tienen en común su habla y la lechona, la región atlántica tiene sus usos y comidas, su modo de hablar y de vestir. El paisaje, el clima, la cercanía al mar o a la montaña marcan las costumbres de sus habitantes.
Haber nacido en Colombia da a sus habitantes el idioma, sus hablas regionales, el porte, el estilo, sus comidas y bebidas y «la manera de matar sus pulgas». El sancocho, el ajiaco, la changua, los resobados, las garullas, el cui, la bandeja paisa, el champús, las empanadas, la arepa y el pocillo de café.
27-08-18 11:30 a.m.
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