El Diablo anda triste y pensativo


Periodista Acord-Valle
Aunque la clasificación a las semifinales del Torneo de Ascenso trajo alguna motivación a la gente del América, directivos, jugadores y aficionados, no es menos cierto que en el ambiente escarlata ronda una nube de escepticismo respecto al objetivo principal, que no es otro que su regreso a la máxima categoría del fútbol colombiano.
Y, claro, sus razones no son pocas:
La angustiosa llegada al grupo de los ocho, colgado penosamente del octavo puesto, superando al noveno (Real Cartagena) apenas por la diferencia de goles, dejó un sabor más amargo que dulce y en cambio sí una amplia porción de pesimismo.
Sus seguidores no olvidan tampoco, y es cosa que suman a sus preocupaciones, el hecho de que América completó treinta puntos en gran parte gracias a esa demanda que ganó en el escritorio sobre el Universitario de Popayán, que le reportó tres unidades.
Sin ello, dicen con sobrada razón, hoy “estaríamos eliminados”.
Y algo todavía más grave y decepcionante: su paupérrimo nivel de juego, que no ilusiona a ninguna de las partes que componen la otrora poderosa y respetada escuadra americana.
Triste realidad
Evidentemente, el balance en cifras refleja su triste realidad, con el agravante de que en su composición de grupo no asoma la opción de mejoría, porque el plantel no parece poseer los argumentos técnico-tácticos que permitan un tenue aire de positivismo.
Hinchas, y podría decirse que también los abnegados directivos, no han podido ocultar su tristeza y poca fe desde el mismo domingo cuando, más por suerte que por capacidad, el equipo logró ese lánguido y deprimente empate sin goles frente al Quindío, que sin embargo le alcanzó para clasificar, pero que no modificó el estado de ánimo de su gente.
“No tenemos con qué disputar siquiera la clasificación a la final”, es el decir callejero.
Ultima carta
Ahora, sus jerarcas, particularmente su presidente Oreste Sangiovanni, se han jugado una carta definitiva, que lo puede congraciar con la afición, o marcarle la salida por la puerta del patio: la contratación de Luis Augusto “El Chiqui” García para que asuma el timonel técnico y la enorme responsabilidad ante el sueño de un inmenso caudal de aficionados.
El conductor bogotano tiene historia, incluso con el mismo América, pues fue campeón en 1997, como colofón de una brillante campaña.
Sin embargo, ahora su nombre trajo más contrariedad que aceptación y las críticas no se hicieron esperar. Unos lo juzgan muy mal, otros lo creen desactualizado.
Entonces, no pocos le auguran al presidente Sangiovanni una triste y dolorosa despedida, pues tampoco creen que “El Chiqui” sea capaz de “subir al América”.
De todas maneras, nos parece a nosotros, lo mejor es esperar, primero porque el futuro siempre será impredecible, y segundo, porque al “Chiqui” no se le puede ignorar que ha sido un ganador.
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