EL CUENTO DEL MARTES: Y YO TE DIGO ADIÓS


Fue un buen año, me dice Rodríguez. Yo le digo que sí y suelto las amarras. Nos vamos a navegar otros mares, otras ilusiones, tal vez solo a navegar para ver la luz de otra esperanza. Rodríguez, toma su guitarra, mira el cielo, cierra los ojos, y canta su “oleo a una mujer de sombrero rojo”, para recordar a una mujer que vio en la Habana y se confundió con un cuadro de Chagall: “que me tenga cuidado el amor, que le puedo cantar su canción”, es el único verso al que le hago coro.
Me sirvo un trago de cualquier cosa, en el mar todo me sabe a sal y tiro dos frases para salpicar con risa el momento, y nuestras carcajadas rebotan en el agua espesa, azulosa. Silvio me habla de Emilia, un gran amor que le enseñó a leer poesía en 1969, y rasga su guitarra para cantar: “Emilia, has ido junto a cada canción escondida en un baúl”. Yo le digo que es una canción rara, y él me dice que la belleza de la canción, es la historia que vive en la canción, “una mujer que recuerda llorando”, porque los otros recuerdos, ya los devoró el tiempo.
Le pregunto por la revolución y me responde preguntando por la mía. Le digo que no tengo ninguna comparada con la suya. Me dice que sí, que la primera y única revolución del mundo es la del amor, y los poetas y cantautores son sus comandantes. Me cuenta que estudió piano de niño y que aprendió a tocar guitarra cuando prestaba servicio militar. Me habla de su amor por Emilia, un amor truncado que le desgarró el corazón y le hizo escribir su primer canción “Ojalá” y tal vez todas sus canciones. Le propongo que la cantemos. La luna comienza a reflejarse en el agua, y él me dice que “Ojala” traduce “si dios quisiera” y la escribió en 1970 para ella, para Emilia, pero la gente cree que la escribió contra la dictadura de Pinochet, y a cualquiera se le podría ocurrir cantarla para despedir el año en una noche vieja. Ironías de la vida. Cantamos:
“Ojala se te acabe la mirada constante, la palabra precisa, la sonrisa perfecta; Ojala pase algo que te borre de pronto, una luz cegadora, un disparo de nieve; Ojala por lo menos que me lleve la muerte, para no verte tanto, para no verte siempre, en todas las visiones; Ojala que no pueda tocarte ni en canciones”.
-Hay que soñar poeta-, me dice con un habano entre los dientes. -El que no sueña, el que no tiene sueños, el que no pelea por sus sueños con el corazón y dignidad, es un árbol seco, que no da frutos, que no reverdece nunca. Les tiro pedacitos de pan a los pescados que se arremolinan y luchan por las migajas. “-Deberías enseñarle a hacer pan a los pescados para que no se maten de hambre por migajas-”, dice, y reímos.
Le sirvo un whisky que se toma de un tirón. “Salud, por el año viejo- dice-, y ese fue el único trago que me tomaré hoy y me tomé en el 2014. Embriagarse es para idiotas, brindar es de caballeros civilizados”. Alzo las cejas, pero no digo nada, respetar las ideas, ritos y creencia de los otros, es la primera ley del Universo.
Nos quedamos en silencio un buen rato mirando estrellas fugaces romperse la existencia contra la noche. Todo a nuestro alrededor esta oscuro, y comenzamos a hacer conciencia sobre los rugidos del mar. Al rato, Silvio susurra su canción Quien fuera: “Estoy buscando una escafandra, al pie del mar de los delirios, quien fura Jacques Cousteau, quien fuera Memo el Capitán, quien fuera el batiscafo de tu abismo, quien fuera explorador…”
Yo cierro los ojos, e impostando la voz de Benedetti declamo: “El mar es un azar ¡Que tentación echar una botella al mar! Poner en ella por ejemplo, un grillo, un barco sin velamen, y una espiga sobrante de lujuria, algún milagro, y un folio rebosante de noticias. Poner un verde, un duelo, una proclama, dos rezos y una cábala indecisa. El cable que jamás llegó a destino y la esperanza pródiga y cautiva. El mar es un azar, ¡Qué tentación echar una botella al mar!”
-Pues sí, tiremos nuestra propia botella al mar. Hagamos caso a los abuelos y aprovechemos la Noche Vieja para dejar atrás las incertidumbres del Año que agoniza. Demos gracias y digamos adiós a lo que nos impedía mirar de frente el cielo claro de los días.
NOTA: Feliz año 2015 para todos. Gracias por leerme. Este es un cuento inspirado en la música de Silvio Rodríguez y la poesía de Mario Benedetti para animar las vacaciones de muchos.



