El Club de los Perdedores y Un original y su Versión

El Club de los Perdedores y Un original y su Versión


EL CLUB DE LOS PERDEDORES
Aun los más grandes y exitosos genios de la literatura, la poesía y el arte, en algún momento pertenecieron al “club de los perdedores”, el cual supera en número de miembros al siempre glorioso Club de los 27. Dos ejemplos:
- CÉSAR VALLEJO (1892 – 1938)
El director de una reconocida revista peruana, no sólo se negó a publicar un poema de Vallejo – incluido en el que sería su primer libro de poemas, Los heraldos negros (1919) –, sino que además fustigó al poeta y su poema.
En una carta, calificó el poema de «adefesio» y «mamarracho», y del poeta apostrofaba:
«Señor CAV – Trujillo. – También es usted de los que vienen con la tonada de que aquí estimulamos a todos los que tocan de afición la gaita lírica, o sea a los jóvenes a quienes los da el naipe por escribir tonteras poéticas más o menos desafinadas o cursis. Y la tal tonada le da margen para no poner en duda que hemos de publicar su adefesio. Nos remite usted un soneto titulado El poeta a su amada, que en verdad lo acredita a usted para el acordeón o la ocarina más que para la poesía».
- GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ (1927 – 2014)
Más conocida es la anécdota (o leyenda) que cuenta lo que el editor Carlos Barral escribió a García Márquez cuando rechazó la publicación de Cien años de soledad. Decía que el manuscrito era «un producto caótico y desordenado», y que el autor debería considerar no mostrárselo a otros editores.
Pero, muchos otros genios no tuvieron un final tan “feliz” como los dos anteriores. Dos ejemplos:
- VICENTE VAN GOGH (1853 – 1890)
A pesar de haber creado más de 2000 obras; incluyendo pinturas, dibujos y grabados, sólo logró realizar una exposición (Bruselas, enero de 1890) y vender una sóla obra: El Viñedo Rojo, vendida a Ana Boch en dicha exposición. Es decir, sólo seis meses antes de su muerte. Anna Boch era una rica coleccionista de arte impresionista y pintora, hermana del pintor y mecenas Eugène Boch. Pagó por ella 400 francos.
- John Kennedy Toole (1937 – 1969)
Hacia 1962, mientras cumplía el servicio militar en Puerto Rico, escribió una novela, la cual fue rechazada por varias editoriales. Una de ellas adujo que no se trataba de nada en concreto. Poco tiempo después, el escritor decidió quitarse la vida.
En 1980, a instancias e insistencia de su madre, su novela, La conjura de los necios, finalmente fue publicada, y en 1981 recibió el póstumo Premio Pulitzer de Ficción.
Hoy su genial (y esto no es un cliché) novela se considera una obra de culto, y su antihéroe un héroe, que al igual que el señor Leopold Bloom honra a James Joyce con El Blooms Day, y la señora Dalloway a Virginia Woolf con El Dalloway Day, Ignatius J. Reilly lo hace con su creador en El Ignatius Day.
En toda época y lugar abundan historias semejantes; tanto en el campo de la literatura, como en el de todas las demás artes. Pero, ojo: hablamos de los grandes genios de la literatura, la poesía y el arte, que en algún momento han pertenecido al “club de los perdedores”; no de esa inmensa mayoría, que pertenece y pertenecerá a la incontable horda de los eternamente fracasados.
ADENDA
NO TE ENGAÑES: Los grupos de personas mayormente perdedoras los encontramos entre los competidores, los aspirantes, los jugadores, los postulantes, los concursantes, los demandantes, los apostadores. No te engañes, lo que ocurre es que los ganadores sólo se nos revelan cuando ganan. Todos los llamados ganadores, antes de serlo, han sido los grandes campeones del fracaso.
Si no compite por nada y no apuesta a nada, jamás perderás nada.
Por lo demás, aunque el éxito nunca dejará de ser sospechoso, el fracaso siempre será catastrófico.
Y en última instancia, allá tú; automotívate, si quieres, con la fatal malinterpretación de la descontextualizada consigna que inscribiera en su obra ¡Ay, maldita sea! El burlón absurdista Samuel Beckett:
«Inténtalo de nuevo. Fracasa de nuevo. Mejor de nuevo. Fracasa peor de nuevo. Aún peor de nuevo. Hasta enfermar para siempre. Vomitar para siempre».
Allá tú.
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UN ORIGINAL Y UNA VERSIÓN DEL MISMO


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