El campesinado avanza

Del acuerdo de paz a la dignidad del campo
El pasado 31 de agosto, en el polideportivo Los Guásimos de Santander de Quilichao, más de 1.400 campesinos y campesinas se dieron cita en el Primer Encuentro Territorial Campesino “Por la tierra, la reforma agraria y la dignidad del campo”.

El encuentro, presidido por Edward Prado Orozco, promovido por la Asociación Regional de Usuarios Campesinos (ARUC) del Suroccidente Colombiano, y coordinado por Elmer Guevara, planteó tres asuntos de fondo que definirán el futuro del campo: la reforma rural integral, el fortalecimiento de la economía campesina y el reconocimiento del campesinado como sujeto de derechos.

El primero, un balance de la reforma rural integral.
El segundo eje fue la economía campesina. Lejos de ser un asunto marginal, las asociaciones recordaron que la agricultura familiar es hoy un pilar del Producto Interno Bruto Nacional y que, sin campesinado, no hay seguridad alimentaria. La ANUC Norte del Cauca, junto a comités de Florida, Ginebra, Jamundí, Pradera y Buga, enfatizó que fortalecer la producción campesina es una estrategia de país: asociatividad, cadenas de valor, precios justos y acceso a mercados deben ser prioridad, no retórica.

El tercer punto tiene un alcance histórico: la exigencia de reglamentar el Acto Legislativo 01 de 2023, que reconoció al campesinado como sujeto de derechos. Este avance constitucional debe traducirse en políticas concretas que garanticen igualdad, protección social, educación y salud en el campo. Reconocer derechos sin mecanismos efectivos de cumplimiento es, en la práctica, otra forma de exclusión.
Una nueva voz regional

Durante el encuentro, el presidente campesino Eduard Prado anunció la creación de la Organización Regional de Usuarios Campesinos (ARUC) del Suroccidente Colombiano, una plataforma que busca articular procesos del Cauca y el Valle para empujar una agenda común: acceso a la tierra, crédito, sostenibilidad ambiental y productividad con justicia social. El nacimiento de ARUC refleja un proceso organizativo dinámico, consciente de que la fragmentación debilita y la unidad multiplica la fuerza política del campesinado.
En paralelo, el trabajo del Consejo Territorial Interétnico e Intercultural (CTIINC) demuestra que la formación técnica y empresarial también es parte de la dignidad campesina. Capacitaciones en caña, nutrición vegetal, manejo de plagas y conservación de suelos son pasos concretos hacia una ruralidad moderna que no renuncia a su identidad ni a su autonomía.
El desafío pendiente

El mensaje es claro: el campesinado no pide favores, exige derechos. La tierra, la reforma agraria y la dignidad del campo son banderas históricas que, tras décadas de abandono, hoy vuelven a levantarse con fuerza. El Estado no puede seguir escondiéndose tras diagnósticos y promesas incumplidas. La intervención debe ser integral: redistribución de tierras, créditos accesibles, infraestructura, asistencia técnica y garantías de seguridad.

Si el gobierno del cambio quiere honrar su nombre, debe escuchar con seriedad la voz de quienes producen la comida que llega a las mesas colombianas. Y la sociedad urbana, tantas veces indiferente, debe reconocer que la paz territorial empieza con justicia agraria.
En conclusión, el Primer Encuentro Territorial Campesino en Quilichao no fue un acto simbólico, fue un grito colectivo que reclama lo obvio. Sin campo no hay ciudad, sin campesinos no hay país, sin reforma agraria no habrá paz. La dignidad campesina no admite más dilaciones: es hora de que la Constitución deje de ser promesa y se convierta en realidad tangible en cada vereda del suroccidente colombiano.



