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Jueves, 15 de octubre de 2026

EL CAMINO NO ESTÁ LLENO DE ROSAS

EL CAMINO NO ESTÁ LLENO DE ROSAS

EL CAMINO NO ESTÁ LLENO DE ROSAS

E o povo até pensou que ja era feliz.
Clara Nunez.

Por Jaime Cárdenas / Los fenómenos psíquicos que acompañan a las multitudes son tan complejos como los que se dan en los individuos, salvo que son menos estudiados y están lejos de ser una sumatoria de los que se presentan en ellos, aisladamente considerados.

En las comunidades primitivas más remotas puede observarse que las culpas, las ansiedades, la angustia del sujeto trascienden al grupo. Como respuesta el grupo acude al sacrificio de animales y de humanos, lavando de esta manera sus culpas. Al sacrificado se lo señala de ser transgresor del tabú, descarga el grupo su pulsión de muerte sobre él para protegerse. Este individuo viene a ser el chivo expiatorio que suele citarse para el propósito de ilustrar precisamente un señalamiento y una punición injustos pero que cumplen con los propósitos de encontrar culpables que hagan ceder las tensiones y fortalezcan al grupo. Durante el ascenso del fascismo en Alemania los nazis señalaron a los judíos como los responsables de la crisis posterior a la primera guerra mundial, de la llamada gran depresión.

Hitler, agudo observador del comportamiento de las masas, adecuó avenidas y espacios públicos para que concurrieran los alemanes y así dirigir sus palabras que llegaron a magnetizar al pueblo que había producido lo mejor de la filosofía después de los griegos. Albert Speer el arquitecto de Hitler recuerda en sus memorias que entre sus planes figuraba una avenida en Berlín que superara con creces a los campos Elíseos de París y un arco en muchos metros más alto que el de Triunfo. El propósito era que en esa arquitectura gigantesca la masa fuera mejor manipulada y despojada de su autonomía.

Freud, en uno de sus textos estelares, La Psicología de las masas, estudia con detenimiento el comportamiento de las multitudes en las grandes manifestaciones. Muestra a partir de los célebres trabajos de Le Blon que en la multitud el individuo adquiere una nueva identidad, pierde su yo, como si estuviera hipnotizado, que dentro de ese cataclismo colectivo se puede manipular la psiquis de los hombres que ingresan en una nueva identidad bajo la cual pueden actuar de manera irracional, dando lugar al predominio de fuerzas inconscientes, instintivas, en una suerte de regresión a la horda primitiva. En ese momento no pueden vérselos sino convertidos en un nuevo ente, la masa. Elías Canetti en su tratado sobre el tema: Masa y poder, resalta que la masa abierta en la que el individuo se siente aliviado y libre puede llegar a cualquier forma de destrucción.

Así que uno de los tantos efectos de la reunión colectiva en las grandes manifestaciones políticas tiene que ver con la catarsis, es decir, con esa especie de deshago que le llega al sujeto manifestante, quien, gritando, aplaudiendo, unido en una falsa unidad llega a sentirse exultante y descarga las tensiones negativas de su vida cotidiana. Se trata de una de las consecuencias que no implican mayor daño. Por el contrario, en las manifestaciones de los fascistas y de la extrema derecha se cuece la aniquilación de la individualidad.

De manera que no puede llegarse a la idealización de las marchas o manifestaciones multitudinarias. Sólo cuando las grandes manifestaciones políticas obedecen a una previa y profunda reflexión colectiva, su concreción en las calles adquiere una proyección transformadora o revolucionaria. En esta eventualidad, sean militantes o no, los participantes de las marchas y manifestaciones asisten a ellas conscientes de que se está utilizando una herramienta para enfrentar al poder y conseguir objetivos concretos, que pueden detenerse en esta conquista o pueden formar parte de un proyecto de transformación total de la sociedad, todo ello dependiendo del momento histórico de la sociedad donde se producen dichas movilizaciones y del desarrollo de la conciencia de los marchantes.

La toma de la Bastilla, la Comuna, mayo del 68, transformaron a Francia desde las calles iluminadas por el fuego que alguna vez robara Prometo a los dioses y que los jacobinos, los comuneros y los estudiantes parisinos hicieron suyo en el breve verano de la libertad y la igualdad colectivas. Pero sin ir más lejos, los ecuatorianos destituyeron no en el congreso, fue en las calles, a dos presidentes subidos por la descompuesta oligarquía que gobierna al Ecuador.

Hay que marchar con un norte concreto, ambicioso, cargado de mística, de pasión transformadora y radical. No se puede negar el placer de disfrutar la música popular y el folclor en las calles. Pero en momentos de gran crisis no basta, es una actividad vacía. Hay que mirar lejos.

Estanislao Zuleta anotaba que en tiempos de huelga general se depone los de arriba en 10 días, sin la violencia de las armas, con el arma de la conciencia política, cuando se entiende que el sistema es invivible.

La conciencia colectiva auténticamente transformadora es un propósito aplazado, traicionado, pero de urgencia manifiesta. Ello implica, entre otras cosas, superar las falacias que acompañan al ideal de cambio del presente.


Imagen destacada: Miles de personas salieron a las calles en Francia en mayo de 1968 para apoyar a los estudiantes y participar en una huelga general que paralizó al país. (Foto: Getty publicada en: https://es-us.noticias.yahoo.com/mayo-de-1968-la-ultima-vez-que-ardio-francia-que-paso-entonces-y-que-pasa-ahora-202604370.html).

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Jaime Cárdenas
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