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lunes 15 junio, 2009 a las 12:06 pm

El café no nos quita el sueño

Por: Fabio Arévalo Rosero MD.

Hoy con gran certeza podemos afirmar que no hay ninguna persona en el planeta que no pueda beber algún tipo de café. De forma equivocada y con fundamento en absurdos mitos, por mucho tiempo la aromática bebida fue considerada un riesgo para la salud humana. Hoy cuando se han consolidado cientos de investigaciones científicas, más aun cuando se ha producido un gigantesco desarrollo de la cultura de café, la percepción y criterio frente a su empleo han cambiado.

Existen comercialmente más de 300 alternativas de café para prepararlo y consumirlo. Alguna de ellas permite ajustarse al organismo humano más sensible. Incluso en casos extremos o excepcionales se puede recurrir a un sucedáneo del café, (soya café, achicoria café, cebada, etc.). O también al producto descafeinado. El desarrollo de tecnologías para cultivarlo y el arte para preparar la bebida, han transformado al café en algo atractivo, una sustancia fisiológicamente compatible y mucho más disfrutable.

Las antiguas grecas que deterioraban el producto y que lo volvían potencialmente dañino, le han dado paso a máquinas italianas que lo preservan y mejoran el sabor. El café orgánico se produce bajo estrictas pautas de certificación y sin utilizar sustancias artificiales potencialmente dañinas. Los ambientes para compartirlo son ahora lugares de encuentro donde los fumadores son exóticos. El café es la bebida sin alcohol más socializadora en muchos países.

Todo esto reviste importancia capital si se tiene en cuenta que es el producto que identifica y le da gran valor al país. De allí que sea casi una obligación moral de los colombianos aprender sobre el mismo, destacar sus virtudes y promover su consumo. Además, no debemos olvidar que el café es la segunda mercancía comercializada en el mundo, tras el petróleo. Se estima en 125 millones el número de personas que vive del cultivo, incluyendo 25 millones de pequeños productores. Cada año se beben 400.000 millones de tazas de café.

El café es apetecido no sólo por su sabor, sino por los efectos que tiene en los consumidores. El grano en sí mismo contiene sustancias químicas que son estimulantes para las personas. Además de la cafeína se cuentan al menos 800 compuestos responsables del sabor y el aroma que lo hacen atractivo. La mayoría de estos agregados se deterioran con el aire y la luz, lo que explica el consejo habitual de conservar el café molido en un recipiente hermético al vacío, al resguardo del calor y la luz.

Conservarlo en forma de granos y molerlo en último momento minimiza la superficie de contacto con el aire, y en consecuencia la probabilidad de degradación de los aromas. Y como en todo, son los excesos los nocivos, pasa hasta con el agua. Mientras se invierta en un producto confiable y de buena calidad, podemos estar tranquilos en su consumo. El café no tiene por qué desvelarnos, ni preocuparnos.

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