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Domingo, 11 de octubre de 2026

El argumento se degenera a medida que nos acercamos a las urnas

El argumento se degenera a medida que nos acercamos a las urnas

 

El manual de la desesperación:
para que el ruido no nuble el juicio de la gente.

Alfonso Luna Geller

Entramos en las dos semanas definitivas. Entre hoy y el domingo 31 de mayo, Colombia atravesará el tramo más turbulento y peligroso del actual proceso electoral.

Como ciudadanos, debemos prepararnos para no dejarnos sorprender, pues seremos el blanco de la más grosera artillería de falsedades, acusaciones temerarias y ataques sin escrúpulos.

Vamos a ver en estos días una escalada de acusaciones fabricadas, videos descontextualizados, titulares y rumores con apariencia de exclusiva periodística. Todo calibrado para producir miedo, confusión y abstención en los sectores que más tienen que ganar con progreso general.

Es la hora de la desesperación, y en política, un candidato desesperado es capaz de las acciones más crueles e insensibles con tal de conquistar un botín que confunde con el poder.

Ya lo estamos viendo. Declaraciones como las de Paloma Valencia, quien tilda de «cómplices de asesinatos y secuestros» a quienes opten por el proyecto de Iván Cepeda, son síntomas de una mentalidad que no busca gobernar una nación, sino capturar un trofeo a cualquier costo.

Esa frase merece detenerse, porque revela con total claridad el estado mental y la estrategia de quien la pronuncia: amenaza a los ciudadanos, los criminaliza por adelantado. ¿Se imaginan lo que le pasaría a la mayoría de colombianos si infortunadamente esta señora llegara a ser presidenta? Por ahora, intenta convertir el voto —el acto más soberano de una democracia— en un delito. Seremos cómplices, según su torcido criterio.

Quien habla así no tiene en mente gobernar una nación. Tiene en mente conquistar un botín construyendo sobre el insulto, sobre la mentira con megáfono. Esa es la diferencia con el estadista, quien construye su candidatura sobre la decencia, la virtud y la ética, sobre el argumento, el plan de gobierno.

Esa desesperación por atrapar el poder a como dé lugar no es propia de estadistas; es el comportamiento de quien entiende la política desde una lógica perversa.

Un estadista llega a las plazas públicas con propuestas. Habla de educación, de salud, de infraestructura, de paz territorial, de economía para todos. En cambio, un operador del miedo llega con acusaciones. Habla del adversario, fabrica urgencias, instala angustia. Reemplaza el análisis con la emoción visceral porque sabe que el análisis lo deja en evidencia.

Es más, debemos tener cuidado con esos «globos inflados» a punta de billetera y medios, que no conocen el polvo de las plazas públicas ni el sentir de las regiones. Cuidado con los discursos apocalípticos que buscan engañar a través del miedo. Por ejemplo, aquel según el cual «en Colombia, en su eventual gobierno, no habrá más procesos de paz«, del otro candidato de la extrema derecha.

La verdadera fortaleza de Colombia no está en quienes gritan amenazas, sino en quienes presentan ideas para una economía incluyente y una paz con justicia social.

Los ciudadanos tienen en estas dos semanas una tarea clara: identificar quién presentó un proyecto de gobierno y quién, al no tenerlo, se dedicó a desprestigiar e insultar. Esa distinción es la brújula más confiable en medio de la tormenta de desinformación que se avecina.

Colombia no puede regresar a las épocas que ya pagó con sangre: el paramilitarismo institucionalizado, los falsos positivos, la corrupción erigida en sistema, la economía diseñada exclusivamente para los sectores más pudientes de la población. Esas etapas tienen nombres propios, tienen expedientes judiciales, tienen fosas comunes. Presentarlas como alternativa de gobierno exige de los ciudadanos una memoria activa, no una amnesia conveniente.

Estas dos semanas requieren de nosotros toda la vigilancia. Que el ruido de las mentiras no nos impida escuchar la voz de la conciencia y la razón.

El futuro no se construye con odio, sino con la verdad.


Otras publicaciones de Alfonso Luna Geller en Proclama del Pacífico:Alfonso J. Luna Geller

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