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Martes, 6 de octubre de 2026
viernes 17 julio, 2009 a las 3:46 pm

EL AMARGO SABOR DE LA INDEPENDENCIA

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Por Leopoldo de Quevedo y Monroy
Colombiano

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Como un niño con el cabello aún despelucado, me fui esta madrugada a rebuscar entre la caja de los recuerdos la historia que en una hora de clases escuché del día de la Independencia. Revolví los trebejos y cachivaches, las bolitas de cristal, las piedras del río y las moscas muertas. Al fin hallé, en el fondo del cofre, la voz de mi padre que me echó el cuento del florero de Llorente.

Fue un domingo después de misa en la esquina de la Plaza de Bolívar. Todo el mundo hablaba de que España, sus virreyes y generales nos tenían hartos con su imperio, sus impuestos, sus encomiendas y su trato. Pero don Antonio Villavicencio, un comisario nuevo, venía a Bogotá y los “criollos” Francisco y Antonio Morales fueron a pedirle prestado un florero al también español José González Llorente. Éste, envidioso, no quiso acceder a prestarlo para el homenaje a su coterráneo y se encendió una pelea nacional que hacía tiempo se tenía casada. Apareció José de Acevedo y Gómez y sobre un asiento arengó a los “rolos” para que se zafaran del yugo de los “chapetones” y ahí empezó a gestarse la huída del virrey y sus burócratas. “Si no aprovecháis este momento efervescente… os convertiréis en una patria boba.”

Desde ese 20 de julio de 1810 hasta el 7 de agosto de 1819 Bolívar selló en Boyacá ese acontecimiento simbólico.

Hoy, 199 años después, el panorama no es muy distinto por estas plazas colombianas. Fácilmente encontramos a los hermanos españoles dueños de bancos, periódicos, de TV., de editoriales y dirigen colegios y academias. Han venido los ingleses a tomarse a Bavaria, brasileños a desplegar las alas de Avianca, los chinos, coreanos y taiwaneses se han adueñado del comercio de confecciones, zapatos, perfumes y adornos en almacenes, calles y pasajes y los israelitas y estadounidenses han llenado los hangares con sus tucanos, cazas, armas y estrategias.

¿Qué nos queda de aquella independencia, si hemos llamado a las naciones a que vengan a “invertir” en este país, “que está de feria”? El Dorado se hundió hace tiempo en la laguna del olvido, las minas de oro, de carbón, poco a poco se están yendo. Hasta nuestros criminales los cedemos pues en nuestro país la justicia no es suficiente ni es reconocida como válida. Los campos y selvas tienen “dueño” extraño y no hay quien los devuelva a sus legítimos propietarios. Allí mandan los que asierran y los que asolan. Ahora vienen tres bases norteamericanas a “ayudarnos” en una guerra que hace años perdemos en vidas y recursos que hacen falta para la seguridad social tan descuidada.

Oh, sagrada independencia, tan cantada y cacareada. Independencia inexistente en los tres poderes, amarrada como burro ante los tigres que se la tragan.

Nuestra economía es dependiente en un 80 por ciento. Nos hemos quedado con las artesanías y la mano de obra barata. El colombiano estudia para lograr un puesto en la burocracia, para echar azadón en las arroceras, machete en los ingenios o pegar ladrillos en las constructoras. A eso se ha reducido la oportunidad de trabajo. Lo demás se lo ganan las cooperativas de trabajo con su comisión ante las poquísimas empresas de producción y de servicios. ¡Valiente manera de celebrar con marchas, banderas y propaganda la dichosa in-dependencia!

17-07-09 – 9:36 a.m.

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