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Martes, 6 de octubre de 2026

¿El 2015, fin de los reclinatorios políticos?

Movimiento Cívico - Popayán
Jorge Muñoz Fernández
MATEO MALAHORA – [email protected]

Sorprende el despegue acelerado que ha causado la propuesta formulada por el periodista Ovidio Reynaldo Hoyos Mosquera para que el próximo mandatario de los payaneses sea elegido mediante la puesta en marcha de un Movimiento Cívico que responda a propósitos puramente ciudadanos y no a intereses burocráticos de los partidos políticos, incluidos los grupos alternativos.

La formulación de la iniciativa fue recogida por el experto en gerencia pública, docente universitario, destacado intelectual e investigador colombiano Miguel Cerón Hurtado, quien de una manera metodológica reformuló por los medios y las redes sociales la iniciativa, donde se contemplan los pasos a seguir para llevar a feliz término la sugerencia del comunicador Hoyos Mosquera.

Lo admirable de la idea radica en que tan pronto fue lanzada a la opinión pública, un sondeo realizado mediante correos electrónicos y medios virtuales, reveló la participación cualificada de líderes populares, dirigentes de movimientos cívicos, agrupaciones de izquierda, iglesias, profesionales, comerciantes, empresarios, estudiantes, agricultores, artesanos, incluso de militantes de los partidos tradicionales, que han visto con suma complacencia y satisfacción darle un vuelco total al modelo consuetudinario mediante el cual se han seleccionado, escogido y proclamado los candidatos a la Alcaldía Municipal de Popayán.

Muy seguramente el alcalde que los ciudadanos del municipio de Popayán elijan en octubre del próximo año, no ostentará el sello de los directorios políticos, la marca de un partido tradicional, etiqueta de izquierda alguna, ni el logo de los movimientos sociales, sino la impronta de la voluntad ciudadana, pero, además, en el ejercicio de su mandato no acudirá periódicamente a las casas y sectas políticas por las cuales salió electo en virtud de acuerdos, pactos, intrigas y compromisos burocráticos, llevando su reclinatorio político, sino que deberá ejercer la administración en consonancia con los intereses puramente públicos.

El viejo espectáculo de los gobernantes mansos y sumisos, suaves y subordinados, obedientes y dóciles a las casas y empresas electorales parece estar llegando a su fin en Popayán.

Movimiento Cívico - Popayán

Nuevas formas de comunicación, independencia en la forma de pensar, emancipación política y pérdida de credibilidad en los directorios partidistas, como en las mansiones señoriales donde se forjaban barones electorales ilustres, notablatos parlamentarios y prefectos políticos, han pasado a la historia, dando salida a innovaciones en la democracia participativa.

De la pregunta: ¿Quién será el candidato?, como inquietud fundamental, se ha pasado a: ¿cuáles son los programas de los postulados y quiénes son sus tutores y patrocinadores?; pues los electores comienzan a cuestionar la existencia de una relación entrañable y profunda entre los dueños del poder y los ejecutores de la voluntad electoral revelada en las urnas.

Si lo fundamental para los partidos políticos son los electores, las preguntas que surgen ahora giran en torno a qué es lo más importante, qué es lo prioritario, qué significa lo preferente, lo necesario y urgente.

La respuesta clave salta a la vista: Lo importante es lo social, no es la política, es la gente; son las comunidades urbanas y rurales que deben ser el eje central de la vida humana como sujetos de la justicia y el desarrollo humano, sin repulsivas e irritantes discriminaciones cuando se trata de gobernar.

Basta aceptar que somos una ciudad donde la pobreza urbana y rural es aguda, fenómeno que se manifiesta en los grados de insatisfacción en las necesidades básicas, materiales y sociales de la comunidad payanés.

Avanza, en ese contexto, el pensamiento crítico sobre las necesidades colectivas insatisfechas, calificadas ya no como una opción tradicional de sufrimiento que se acepta, muchas veces, con resignación religiosa, sino como el resultado de políticas impositivas que incluyen el sistemático abandono estatal.

Lo propio ha expresado el periodista Héctor Rodríguez: “Ha llegado el momento en que la gente se apropie del Movimiento Cívico, lo haga suyo y lo conciba como intérprete de sus sueños aplazados”.

Y, naturalmente, esto es bueno que ocurra, el Movimiento Cívico va encontrar adversarios declarados y adversarios a la sombra, al fin y al cabo las ideas de los sectores que han ejercido el poder moral y cultural dominante no renunciarán a mantener el dominio ideológico sobre las clases medias de la ciudad, ahora con mayor dificultad, y los enclaves electorales que mantienen en algunos barrios populares en virtud de halagos económicos para impedir que se conviertan en vanguardia de acciones electorales emancipadoras.

Rompe el Movimiento Cívico con la empotrada tradición que considera la política como posibilidad de ascenso social y carrera de vida, lo mismo que contemplar la cultura de la política como negocio, respeta la diferencia política, creencias religiosas y basa su motivación ciudadana en la defensa de lo público, privilegiando lo colectivo sobre los intereses individuales. Hasta pronto.

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