Educar para la Paz


Con el inicio del segundo mandato del presidente Juan Manuel Santos Calderón el país espera de este Gobierno que firme la paz y se hagan las reformas en justicia, política, salud, educación, medio ambiente y economía. Pero la historia no la escriben solo los presidentes.
El cuatrienio político que comenzó teniendo como copiloto al vicepresidente Germán Vargas Lleras puede ser determinante en un momento clave y definitivo en la historia de Colombia. Las expectativas del país y las circunstancias que las moldean configuran desafíos inéditos que pondrán a prueba la capacidad de liderazgo y el talante político del presidente reelecto Santos y a las instancias con las que deberá consensuar su segunda oportunidad democrática.
«Un país educado es menos propenso a la violencia», ha manifestado Juan Manuel Santos en su posesión y llevar el proceso de paz a buen puerto es el primer gran reto de Santos, si tenemos en cuenta que terminar este conflicto armado de más de cinco décadas, la guerra y violencia que desangra los colombianos y alcanzar un ambiente de paz y convivencia civilizada no es solo la apuesta de un gobernante que quiere dejar huella, sino el referendo de quienes depositaron su voto por él e incluso por sus detractores políticos.
Santos es sagaz y arriesgado, al anunciar que la educación será una prioridad después de adelantar un proceso de paz con las insurgencias que nunca van a llegar al poder con las armas y el terrorismo. Pues un pueblo educado es un gran peligro para el actual sistema de cosas: porque lo primero que aprenderá este tipo de pueblo es elegir a sus gobernantes y gobernantes bien elegidos sabrán seleccionar a sus funcionarios y asesores.
Colombia entonces deberá caminar hacia ser la nación más educada de Latinoamérica y el mejor ejemplo de una política regional exitosa y con resultados es Antioquia bajo el liderazgo de un gobernador transparente y diáfano en su concepción de gobierno como Sergio Fajardo.
Un futuro gobierno postconflicto con la composición resultante del ejercicio anterior destierra la corrupción y la incompetencia, estas pasarán a ser materia de un pasado que no se querrá repetir jamás. Un pueblo con buena educación aprenderá a aprovechar sus recursos para beneficio de todos, consumirá, pero restablecerá, cosechará pero sembrará.
Cuando los individuos como primer componente de la célula social se eduque, quedara ipso facto educada toda la sociedad, que es lo mismo afirmar que habrá una conciencia colectiva derribando la afirmación de mucho de que el “pueblo no piensa”. Un pueblo con conciencia, un pueblo pensante, sabrá diferencia en el acto una proposición seria de una de una demagógica vagabundería. Entonces habrá cultura electoral y política para elegir los mejores y con mayores capacidades de liderazgo.
Destinar más recursos a la educación que financiar la defensa, la seguridad y la guerra, es un buen comienzo del gobierno Santos para lo que se busca educando para la paz y convertir algún día no muy lejano la “Colombia, la más educada”.
La triste realidad de muchos jóvenes en el Cauca y Colombia es que después de 12 años de estudio para graduarse del bachillerato no tienen posibilidad de continuar una educación terciaria de calidad. Estos jóvenes ven frustrado su futuro y terminan migrando a las grandes ciudades en busca de un empleo sin estar cualificados, o ceden a los cantos de sirena de los grupos insurgentes que les prometen un salario y una alimentación permanente.
Esta es una población a la que es necesario asegurarle el acceso a una educación superior (técnica, tecnológica o profesional) de buena calidad que les permita encontrar un empleo digno o que los induzca a crear nuevas fuentes de trabajo. Este, a mi juicio, es el principal reto del gobierno en cuanto a educación superior se refiere, en un escenario de paz.
La grandeza de un pueblo no está en el número de sus habitantes, ni en la extensión de su territorio y aunque parezca una mera figura, tampoco en los recursos de sus suelos. No. La grandeza de los pueblos está en el espíritu de su gente, en su capacidad, en su disposición para hacer que las cosas buenas y proactivas sucedan.
Por lo que reitero, el fin de la educación debe ser formar personas; seres humanos libres, inteligentes y responsables que se empoderen de su rol en la sociedad y más que en ésta, en la vida misma. Lo desarrollen y ejecuten para beneficio propio y de la comunidad donde sirven o viven.



