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Sábado, 17 de octubre de 2026

Ecos del Mundial: Política, mafia, economía.

Grandes enseñanzas nos deja el mundial de Brasil 2014. En lo deportivo y la unidad que generó en todo el...

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Por: Felipe Solarte Nates

Grandes enseñanzas nos deja el mundial de Brasil 2014.

En lo deportivo y la unidad que generó en todo el país, sin duda que para Colombia fue un éxito, empañado por la trinca mafiosa urdida entre capos de la FIFA, la Confederación Brasileña de Fútbol y el árbitro, para terminar haciendo el ridículo, al desnudar la pobreza técnica y grupal de la otrora gloriosa selección auriverde, que después de ganarle a Chile ‘a las cagandas’, encajó semejante costalado de goles, en medio de una afición desgarrada que los vio salir del estadio como perros espantados, con el rabo entre las piernas.

En lo político, para el gobierno encabezado por Dilma Rousseff, la temprana eliminación de Brasil, fue un duro golpe en sus esperanzas reeleccionistas para las votaciones de octubre y empaña la próxima reunión a la que invitó a sus colegas de naciones emergentes conocidas como las “BRICS” (Brasil, Rusia, India, Corea y Surafrica) y a la que también asistirá el primer ministro chino, con el fin de unificar conceptos y políticas sobre la economía y otros aspectos del tejemaneje orbital.

Previo al inicio del Mundial de Fútbol, en varias ciudades se habían registrado manifestaciones y actos violentos de protesta por parte de quienes exigían mayores inversiones en salud, educación, vivienda y programas sociales y reprobaban las multimillonarias inversiones, sobrecostos, demoras y corrupción presentados en el proceso de construcción de los estadios y obras complementarias, como el gigantesco puente que recién inaugurado, se derrumbó en Belo Horizonte.

La cantidad de problemas acumulados durante décadas ha empañado la campaña del Brasil por acoger megaeventos como el Mundial de Fútbol y las Olimpiadas de Río de Janeiro, del 2015, buscando mostrarse como una gran nación en ascenso. No podemos ignorar los avances logrados en los gobiernos de Cardozo, Lula y Dilma por democratizar y sacar de la precariedad a la mayoría de los 200 millones de habitantes de la sexta economía del mundo y tercer productor mundial de granos, en un territorio en que cabe seis veces Colombia.

En su lucha por la inclusión social el gobierno de Lula logró sacar a más de 40 millones de brasileños de la pobreza absoluta, continuando con sus programas el actual gobierno del Partido de los Trabajadores. A pesar de los avances, la población cada vez más educada y politizada, exige más a sus gobernantes, en medios y culturas donde aún no ha sido erradicado el fenómeno de la corrupción por parte de los vividores que se enquistan en movimientos ‘socialistas’ como sucedió en Venezuela y Argentina y como experimentamos en Bogotá con la banda de los hermanos Moreno Rojas, encabezados por Samuelito e Iván y sus ban- ban-didos, que casi acaban con el Polo Democrático. Son riesgos que deben afrontar y superar los nuevos partidos de corte  reformista y socialista en países como los latinoamericanos con larga escuela de corrupción en sus organizaciones políticas tradicionales que durante décadas han monopolizado las administraciones de turno y les han pegado sus vicios a quienes aspiran a reemplazarlos.

El pueblo no traga entero,  como se demuestra en Brasil, con el creciente descontento atizado por la temprana eliminación de su equipo de fútbol, toda una institución sagrada y nada menos que el único ganador de cinco mundiales y en su tierra aspiraba a desterrar el fantasma del ‘Maracanazo’ de 1950, cuando Uruguay, con los goles de Gigia y Obdulio Varela, también los puso a llorar a moco tendido.

Ya antes, Corea y Surafrica, dos países de las naciones emergentes conocidas como las Brics, habían sido sedes del mundial de fútbol, en su afán de presentarse ante la comunidad de naciones como tierras pujantes llenas de oportunidades de inversión y sitios turísticos, sin que afrontaran los problemas de inconformidad vividos en Brasil, cuyo gobierno construyó gigantescos estadios en ciudades florecientes y poco pobladas, como Cuiabá, ubicadas en medio de selvas, pantanales, serranías y otros sitios a donde pretenden atraer inmigrantes en busca de oportunidades, en momentos de desempleo y crisis económica, especialmente en Europa y Norteamérica.

Viendo los problemas sociales y de orden público desencadenados en Brasil a raíz del Mundial, me pregunto ¿Qué habría pasado en Locombia, sí, Belisario Betancur, cuando iniciaba conversaciones con las guerrillas de las FARC, el M19, Quintín Lame, EPL, PRT, y el ELN, no hubiera declinado la sede del Mundial de 1986, que al final hizo México y ganó Argentina liderado por Maradona y la ‘Mano de Dios’?

Entonces la justificación fue que el país no podía cumplir las exigencias de la FIFA y esos recursos deberían destinarse a infraestructura, educación y salud, lo cual no se hizo en la medida que esperábamos; pero viendo el problema que afronta el Brasil, sin guerrillas alborotadas y sin Pablo Escobar, que entonces aprendía a instalar los ‘carros bombas’, – después que les destruyeron Tranquilandia, donde se voló el ‘Mejicano’ y encontraron aeropuerto para más de 20 aviones y hallaron el helicóptero que fue del padre de Uribe, entonces director de lo que hoy es Aerocivil-, de pronto creo que tuvo razón, aunque treinta años después logramos organizar con éxito el Mundial Sub-20, que dejó estadios modernizados en medio de uno que otro torcido en la contratación y ejecución de obras, como sucedió en el Pascual Guerrero con sobrecostos en la compra de la pantalla gigante y en las cubiertas de las tribunas.

El proceso de Pekerman hay que continuarlo, pero ese es tema de otro artículo.

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Redacción Proclama del Pacífico

Periodismo verificado desde Santander de Quilichao, Cauca.

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