ECOLOGÍA EN COLOMBIA, CADA DÍA SE DESPLOMA


Loco-mbiano

Cada vez que empiezo a escribir pongo mi nuevo apelativo debajo de mi nombre. Ahora que pienso sobre la situación en Colombia de nevados, lagos, río Magdalena, humedales, playas, reservas naturales, selvas y bosques, me da grima y dolor.
Parece que quienes vivimos aquí no nos damos cuenta de lo que sucede. Abrimos cada día la puerta de la casa y la ventana y miramos hacia afuera y vemos que brilla el sol, que todavía está el árbol que nos cuida, que sale la luna y que el sistema de transporte nos lleva a la oficina o al lugar que queremos. Pareciera que nada ha cambiado.
Pero el panorama ecológico de la Nación es desconsolador. Todo se está privatizando, todo se está vendiendo, desde el Río tutelar, la Amazonía, Vaupés, Cerrejón, Santa Marta, Chocó, Almaguer, Santurbán, La Colosa, Putumayo… allá hasta donde nuestros ojos no alcanzar a ver. No lo sabemos nosotros que vivimos y llamamos a este territorio nuestra Patria. Más bien lo saben, lo ven y lo miden quienes viven al otro lado de los mares.
Colombia era el primer país en riqueza hídrica, en flora, en fauna en el mundo hasta hace pocas décadas. Hoy, ahora, según las universidades de Yale y Columbia* de EE. UU., con quien tenemos TLC, acaban de prender la alerta roja para Colombia: Estamos en el lugar 85 después de ocupar en el último reporte el puesto No. 9.
En Colombia existía una entidad que se llamaba Instituto de Hidrología, como otro que se llama Dane y otro que se llama MinAmbiente con su respectiva Agencia. Seguramente entre sus funciones está la de hacer estudios ambientales, tomar mediciones periódicas, realizar controles de riesgo y no dar permisos cuando dañan el paisaje o las condiciones necesarias para la vida humana y animal.
¿Cuándo aparece un estudio o el resultado de una investigación sobre el estado de nevados, el caudal de los ríos, la población de especies en lagunas? ¿Cuándo se informa al país sobre la cantidad y calidad de nuestros bienes naturales en la actualidad? ¿En dónde reposa el inventario de tierras baldías, de las concesiones de bienes del Estado a particulares colombianos y extranjeros?
Todo lo contrario. Vemos que Ingeominas, el Ica, MinAmbiente, y su Agencia conceden licencias llamadas ambientales, autorizan talas y usos de agua, propician concesiones sobre ríos e infraestructuras viales. Así se están acabando las fuentes naturales de humedad, de oxigenación del aire y se permite el uso de sustancias contaminantes en aguas subterráneas y la destrucción de páramos, juncales, guaduales. Fuera del desplazamiento de pobladores raizales.
Casi se puede decir que los últimos gobiernos están rifando u ofreciendo en bandeja, – bajo el nombre de inversión extranjera – nuestros recursos o riquezas mientras que nuestros nacionales miran cómo se desmoronan.
¿Qué más esperará el Gobierno después de este estudio tenebroso que nos muestran las investigaciones rigurosas de universidades prestigiosas? Seguirá el carrusel de concesiones, la rumba de licencias para «aprovechamientos forestales» y talas de bosques y selvas, la contaminación del ambiente junto a reservas naturales y la autorización de nuevos puertos para descargue de carbón?
Sí, tienen razón Yale y Columbia. Colombia día a día se desploma y el Gobierno está feliz porque el índice de exportaciones está en alza a costa de su riqueza ecológica. ¿Será la minería un mal necesario? – se pregunta hoy El Espectador.*
* http://www.eltiempo.com/vida-de-hoy/ecologia/colombia-en-materia-de-ecologico_13486755-4
http://www.elespectador.com/opinion/drummond-degradacion-social-y-ambiental-columna-470097
http://www.elespectador.com/opinion/pago-de-servicios-ambientales-privatizando-naturaleza-columna-474420
http://static.elespectador.com/especiales/1402-caribe/index.html



